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“Trabajo de 6 a 7 en el campo”
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“Āmi tōmākē bhālabāsi”, un ‘te quiero’ en bengalí

“Trabajo de 6 a 7 en el campo”

Edy Sebastián Chicoj Ixtán es un alumno del ITECK de Chichicastenango, tiene 16 años y estudia 5º de Mecánica. Vive en un cantón próximo a Chichi. En su familia son siete hermanos y el es el 5º. Su padre es vendedor y su madre trabaja haciendo telas.

Preguntado por qué eligió venir al ITCEK, contesta:

Elegí venir al ITEK porque quería estudiar mecánica. Desde niño me gustaba mucho armar y desarmar cosas y por eso quiero estudiar mecánica y en el ITECK, porque dan una formación muy avanzada. Lo que más me gusta de la carrera es las Matemáticas y la Física y Química, que me cuesta entenderla, pero me gusta mucho.

Ya tengo planes para cuando termine. Quiero trabajar para ayudar a mis padres, y quiero montar un taller de mecánica en Cobán con mis tíos porque allí hay mas demanda. Estoy al habla con ellos; ya tenemos un terrenito para el taller. En vacaciones iré con mi padre a vender para ayudar y tener uno dinerito.

La beca de SED es un gran apoyo para mí y un honor; es muy importante porque mis padres tienen pocos recursos para tantos hermanos. Como en el ITECK estamos estudiando en “dos burbujas” y días alternos, por el covid, los días que me toca no venir a clase yo ayudo a mi padre trabajando en el campo de 6 de la mañana a 7 de la tarde. Por eso la ayuda de SED es muy importante para mí y para mi familia. Es como tener un ánimo para salir adelante. No sé cómo expresar lo mucho que lo agradezco.

 

Es una gran satisfacción ver como estos jóvenes becados no se conforman con que les den y ellos mismos ponen su trabajo y su esfuerzo para ayudar a sus familias y salir adelante con sus sueños.

A lo mejor no saben expresar muy bien su gran agradecimiento a SED y las personas que les ayudan, pero con su esfuerzo por hacer rendir esa ayuda demuestran hasta dónde llega su: ¡MUCHAS GRACIAS!

No dejéis de escuchar el testimonio de Edy Sebastián

 

Antonio Tejedor | Voluntario de SED en Guatemala

“Āmi tōmākē bhālabāsi”, un ‘te quiero’ en bengalí

Soy Elena Garmón, voluntaria de SED en CTM India este verano 2019. আমি তোমাকে ভালবাসি, “Amí tomaké balobasí”. Así es como te dicen en Talit “te quiero”. Y lo sé porque desde que llegamos no paraban de repetirnos “te quiero mucho” en español. Así que, qué mínimo que lo aprendiera a decir en bengalí, su idioma.

Acogida, cariño, ganas, ilusión, hospitalidad, ayuda mutua, interés por conocer… todo eso y mucho más es lo que me he encontrado en esa pequeña parte de la India.

Llevaba mucho tiempo queriendo vivir una experiencia de Campo de Trabajo y, por fin, este verano he sentido que había llegado mi momento. La casualidad o la suerte me han llevado hasta Talit, una pequeña aldea de Bengala Occidental. Y allí, sin darme cuenta, me he enamorado. Enamorado de la vida que tienen, de las costumbres, de las personas, de las sonrisas y de la locura que es aquello. Enamorado de los cincuenta y pocos niños con los que hemos vivido, enamorado de los tres Hermanos Maristas que dedican su vida a convivir con ellos y enamorado de los tres aspirantes a Hermanos con los que hemos compartido nuestra experiencia y que, ahora, como valientes, se han ido a Filipinas a formarse para ser miembros esta congregación tan especial.

Acostumbrada a mi cultura del hacer, hacer y hacer, he descubierto lo importante del estar. Estar hablando, estar aprendiendo, estar enseñando, estar colaborando, estar compartiendo, estar acompañando, pero siempre ESTAR. Pararse en lo importante, en lo pequeño, en lo bonito, y dejar las prisas atrás en el momento en el que bajas del avión. Y qué bien se vive sin prisas, observando, dejándote interpelar por lo que ves, y sintiendo algo diferente todos y cada uno de los días que he pasado allí, porque ELLOS se encargan de hacértelo sentir.

Vivir un mes en la comunidad ha sido especial, muy especial. Una pequeña comunidad en la que no faltan las típicas situaciones que ocurren en todas las familias. Me he sentido en casa, ¡y qué casa! Solo puedo darle infinitas gracias a Dios por haberme llevado hasta allí y pedirle por todas y cada una de las personas con las que me he cruzado en Talit.

Allí me he encontrado verdad en cada uno de los niños con los que he compartido la convivencia. Verdad en su manera de disfrutar, verdad en sus “te quiero” y verdad en sus “anda, trae que te ayudo” (dicho en su idioma y que entiendes solo con mirarlos).

Echo de menos todo lo que se ha quedado allí. Los madrugones, las oraciones en comunidad, los caminos en bici, las tormentas casi diarias, el calor, la humedad, la comida picante, los viajes en toto, en furgoneta, en moto, en tren y en autobús. Las misas diarias, las canciones de los niños, los “buenos días”, las “buenas noches”, los charcos de barro, las vacas y cabras en mitad de la carretera, los constantes pitidos de los camiones y coches, andar descalza, los mangos, las papayas, el arroz… Pero sobre todo, echo de menos a las personas, a todas. Personas de las que he aprendido que me sobran millones de cosas, que tengo miles de comodidades y que, cuanto menos tienes, más estás dispuesto a dar. Y ojalá que haber vuelto a mi casa, con mis comodidades y mis lujos, no haga que me olvide de ello.

Hace poco leí que “si te hace feliz, aumenta la dosis”, y eso es lo que voy a tener que hacer, porque feliz me ha hecho, y mucho.

Elena Garmón, voluntaria SED en el CTM de Talit, India.

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