“Es el momento de África de dar”

Esta semana he tenido el placer de compartir las tardes en español con el hermano Virgilio. Y es que este hermano zambiano, misionero en Bangladesh durante 9 años, está empeñado en hablar español (principalmente a través de internet). Y lo está consiguiendo. Ha hecho un alto en el camino en su labor en el país asiático para descansar y continuar sus estudios. En los últimos días nos ha visitado en Chibuluma y aquí os comparto su experiencia:

  • ¿Por qué decidiste convertirte en misionero?
  • En África hemos recibido muchos misioneros que nos han ayudado en la educación, monetariamente y nos han apoyado en nuestras necesidades. Ahora ha llegado nuestro momento de dar, quizá no tengamos mucho dinero con el que contribuir, pero sí con nuestra presencia. Es el momento de África de dar.
  • ¿Por qué Bangladesh?
  • Primero hicimos un curso en Filipinas de 6 meses, allí nos enseñaron los proyectos en los diferentes países en los que podríamos colaborar. Mi primera opción fue Banglades porque es el que, en mi opinión, tenía más necesidades y quería trabajar en un país musulmán. Mi segunda opción fue Camboya y la tercera, China.
  • ¿Cuál ha sido tu misión en estos años?
  • Durante los primeros años me dediqué a aprender bangla y enseñar inglés en 2 escuelas comunitarias de primaria. Después, en 2011 y durante 4 años estuve en la comunidad de Mainmenshi como promotor de vocaciones. Éramos dos hermanos para dos casas de aspirantes y candidatos. Al mismo tiempo, seguí con mis estudios en lingüística. En 2015 me destinaron a Moulivazar, donde he estado el último año impartiendo clases en una escuela parroquial. En 2016 decidí tomarme un descanso en mi misión, ya que estaba cansado y también quería continuar mi formación. En octubre seguiré mis estudios en la Universidad de Lusaka durante dos años. Después volveré a Bangladesh, ya que mi corazón y mi mente están allí.

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  • Al principio, ¿qué fue lo más duro?
  • La lengua fue una gran dificultad, ya que no tiene ninguna similitud con mi lengua materna, el icibemba. La comida también, me tuve que acostumbrar a comer comidas picantes con muchas especias, intenté buscar harina de maíz para hacer nshima (plato típico en Zambia) pero no encontré. Vivir en comunidades con hermanos de diferentes países donde yo era el más joven con 46 años, cuando en Zambia yo soy de los más mayores, al principio también se me hizo raro. Al ser un país musulmán, no podía hablar de Jesús abiertamente, Zambia es un país cristiano y no hay problema, pero aquí tienes que tener cuidado, así que en mi misión hablaba de valores cristianos, el respeto a los hermanos, pero sin nombrar a Jesús.
  • ¿Cómo es la gente en Bangladesh?
  • La gente es maravillosa, muy acogedora y buena. Son muy amables con los extranjeros, cuando estás allí no te sientes solo porque si sales a dar un paseo, la gente se te acerca, te saluda, te pregunta, incluso te invitan a tomar el té a sus casas. Esta circunstancia está bien, pero hay veces que quieres estar solo, pensar, dar un paseo y ellos te siguen viendo como extranjero, te hacen las mismas preguntas, hay veces que es cansado y te hace sentir mal ya que después de 9 años aquí te siguen viendo como un extranjero.
  • ¿Te sientes uno de ellos?
  • Un extranjero siempre lo será. Siempre ese sentimiento te acompaña, lo aceptas y eres feliz. Puedes comer su comida, hablar su lengua, pero siempre serás extranjero.
  • ¿Cómo es la educación en Bangladesh?
  • Queda mucho por hacer. Por ejemplo, cuando era profesor en 6º de primaria tenía una clase pequeña para unos 86 estudiantes, la disciplina se hacía muy difícil. Y eso que sigue habiendo muchos niños y niñas que no van al colegio, hay pocos colegios en la zona. Los que se pueden permitir un colegio de pago, tienen una mejor educación pero la mayoría no puede costeárselo. La presencia de los hermanos maristas es muy necesaria en la zona.
  • ¿Cómo va el proyecto educativo en Moulivazar?
  • Es una zona de plantaciones de té. Me da hasta vergüenza decirte cuánto cobran por día los trabajadores de las plantaciones… unos 50 céntimos de euro. Si les ves no tienen una buena salud, trabajan mucho. Por eso, los hermanos maristas están construyendo el colegio de secundaria, para dar una oportunidad a los hijos e hijas de los trabajadores. El internado para chicas ya está acabado y cuando dejé el país, estaban a punto de terminar el colegio. Tienen previsto inaugurarlo el curso que viene.

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  • ¿Algo para recordar que te tocara especialmente?
  • Yo no quería hacer despedida, no me gustan y sé que voy a volver. Pero el último día, mientras estábamos comiendo, me llamaron y me dijeron “¡Virgilio sal fuera!”, cuando salí todos los profesores y el alumnado del colegio estaban allí, me tiraron flores y cantaron para despedirme. Fue muy emotivo porque al final me rodearon todos en un gran abrazo.
  • ¿Has encontrado muchas diferencias entre Bangladesh y Zambia?
  • Muchísimas. La religión, la cultura, la comida, la forma de vestir. Por ejemplo, las misas aquí son muy solemnes, no dan palmas o cantan como en Zambia. Son muy abiertos y hospitalarios, más que en Zambia, en seguida te hacen sentir como un amigo.
  • ¿Alguna anécdota?
  • Los hombres y mujeres en los autobuses no se sientan juntos. Un día me subí a uno y como no había otro sitio, me senté al lado de una señora. Esta empezó a gritar que pararan el autobús, que no se podía sentar al lado de un hombre y le daba la espalda gritando por la ventanilla. El autobús paró y finalmente un matrimonio (ellos sí pueden sentarse juntos) se dividió y la mujer se sentó con ella.
  • ¿Algún mensaje para los jóvenes españoles?
  • Que se concentren en la educación, que estudien y aprendan mucho. Que trabajen duro en lo que son buenos, ya sea algún deporte, música, matemáticas… Les animo a usar internet como herramienta de aprendizaje, no para chatear en facebook durante horas. Es una gran oportunidad que ahora tenemos y la tenemos que aprovechar.
  • ¿Echas de menos Bangladesh?
  • Muchísimo, a la gente, a los hermanos. Parte de mí está en Bangladesh y la otra mitad está aquí. Cuando estás en un lugar por mucho tiempo, parte de ti se queda allí para siempre. Un misionero decía: “Puedo irme fuera de África, pero África nunca podrá irse fuera de mí”, es lo que me pasa a mí con Bangladesh.

 

Lucila Bergareche, voluntaria de larga duración de la ONGD SED en Zambia

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