¿Derecho a la sanidad?

El sistema sanitario en Guatemala es bastante deficitario. Falta de medios, medicinas, profesionales… Si nos vamos a las comunidades de indígenas nos encontramos con un verdadero problema.

 

Si no tienes un buen trabajo, el seguro te cubre muy poco. Incluso si vas al médico y, en ese momento, no tiene disponible la medicina que necesitas, te tienes que ir a la farmacia a comprarla sin ningún tipo de descuento.

En algunas comunidades de Alta Verapaz, en las montañas donde viven nuestros alumnos, existen pequeños consultorios donde te recibe un enfermero, nunca un médico, que establece el diagnóstico y la medicina que tiene que administrarte. Estas consultas no suelen estar siempre disponibles porque un solo enfermero se encarga de varias comunidades y, en ocasiones, se tiene que desplazar de una a otra. Si además tenemos en cuenta la falta de farmacias donde comprar el medicamento, todo se complica.

Los indígenas no suelen ir al médico. Muchos de ellos prefieren tirar de curanderos para solucionar sus problemas de salud. Cuando ya no tiene remedio acuden al médico y, en algunas ocasiones, se mueren por el camino. A algunas comunidades no se puede acceder nada más que a pie. Me cuentan, que cuando alguien enferma, le suben en una especie de camilla y las personas de su comunidad le bajan andando hasta el puesto médico más cercano.

Las mujeres embarazadas suelen dar a luz en sus casas. Esto no sería un problema en circunstancias normales donde, si surge un problema, puedes acudir al hospital más cercano. La falta de higiene y de control del embarazo originan complicaciones en el parto. Muchos niños mueren durante él y algunas mujeres también. Por eso, no inscriben ni  le ponen nombre al recién nacido hasta que han pasado 40 días.

Las hermanas, junto con la comunidad de hermanos maristas de la ciudad de Guatemala, han montado en la escuelita un pequeño consultorio para atender a las familias de la escuela y las de las comunidades cercanas.

Allí pasa consulta un pediatra, Don Ricardo, dos veces a la semana de forma gratuita. Un dentista va otros dos días y una enfermera se encarga de la consulta todos los días, de lunes a viernes. He tenido la oportunidad de hablar con el médico pediatra y me cuenta que el sistema sanitario guatemalteco es tan corrupto como el resto de las instituciones del país.

Se encuentra con falta de higiene, casas muy poco acomodadas con suelos de tierra que generan enfermedades respiratorias, diarreas continuas y una alimentación muy deficitaria que, con la pandemia, se ha empobrecido más.

Los dientes se pican debido a la falta de higiene y a la mala alimentación. A muchos de los niños, cuando se les caen, no les vuelven a salir. Antes de la pandemia, las hermanas tenían en la escuela un cepillo para cada niño. Ahora no lo pueden hacer y me comentan que, en muchas ocasiones, los que se cepillan los dientes en casa, lo hace toda la familia con el mismo cepillo.

El pediatra y el dentista intentan llevar a cabo una medicina preventiva porque creen que es la única manera de solucionar el problema de la falta de asistencia y medios médicos. Pero lo tienen difícil.

Me dice que el gobierno se olvida de la existencia de esta población bastante maltratada. Ni siquiera cuando acuden a los hospitales por su recomendación, existe un traductor que les ayude a entender lo que está pasando. Muchos se dan la vuelta y mueren en el camino.

La pandemia sigue su curso pero no se adoptan medidas drásticas para solucionar o mitigar el problema. La campaña de vacunación avanza y, en la escuela, se hace hincapié en la necesidad de que todos se pongan la vacuna. Mientras, nuestros alumnos en casa, haciendo que la brecha entre ricos y pobres sea más y más ancha.

4 Comentarios

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  • Madre mía, y nosotros aquí quejándonos cuando no nos cogen el teléfono en el médico o cuando tenemos que hacer cola en la puerta de los ambulatorios porque intentan que todo esté lo más controlado posible. No pensamos en la realidad que viven todos los días esas personas. Gracias Silvia por tus palabras, nos hacen pensar en lo afortunados que somos. El año que viene maleta repleta de cepillos de dientes para todos😊

  • Demoledor testimonio, pero muy necesario para sacudir conciencias. Representa una bofetada de realidad, que constata lo mucho que queda por hacer en la lucha por garantizar los derechos básicos de todos los seres humanos.
    Silvia, muchas gracias por tu revelador artículo. Un orgullo tenerte como amiga y compañera.

  • ¡MUCHAS GRACIAS, Silvia! por tu testimonio que nos ayuda comprender las enormes desigualdades que hay entre estas personas de casi dos mundos diferentes, que hemos creado nosotros, los que vivimos en el lado cómodo de la moneda, y que no queremos enterarnos de que estas injusticias existen, por si nos tocan algo nuestra comodidad… Como dice Ángel de Pedro, ideal esta reflexión para dársela a leer a los que dicen que en España también están mal las cosas…

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