CTM Bolivia

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Testimonio de Luis Alberto desde Roboré, Bolivia
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“Antes de venir a Bolivia, nunca imaginé que el verbo ‘estar’ pudiera tener tantos significados”
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Otro ritmo en Roboré
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Gracias Bolivia
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“Respeto, sencillez y humildad”
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Un tiempo de encuentro
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Profetas de nuestro tiempo
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“Llegar allí es llegar a casa”
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“Serás feliz haciendo feliz a los demás”
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Volver a respirar…y volver a llenarte

Testimonio de Luis Alberto desde Roboré, Bolivia

Buenos días a todos desde tierras bolivianas, desde Roboré, la Perla del Oriente. El pasado 8 de agosto, se cumplían siete meses desde que pisé, por primera vez este año, suelo boliviano para cumplir un sueño y disfrutar de una experiencia de cooperación internacional que duraría todo un año. Un sueño que, al poco tiempo, se vio truncado o, por lo menos modificado, por esta pandemia que está asolando a todo el mundo.

Pero como siempre me ha gustado ser positivo, lo he intentado, y así lo estoy haciendo, aprovechar esta oportunidad y esta experiencia al máximo. Ayudar en todo lo que se pueda, exprimir al máximo la experiencia, estar disponible para el que lo necesita dentro de mis posibilidades y con el cuidado que la situación merece y, sobre todo, haciendo mucha vida de comunidad con los hermanos.

Cuando todo esto empezó, nos encontramos con una problemática que se derivaba de la COVID 19. La cuarentena obligaba a todo el mundo a quedarse en casa y, debido a ello, nuestras familias de las comunidades no podían venir a Roboré a comprar provisiones o a vender los productos que ellos mismos recolectaban y que, en muchos de los casos, eran su única fuente de ingresos.

Desde España, y con esta crónica quiero transmitiros su agradecimiento, surgió una ola de colaboraciones y donaciones para poder ayudar a estas familias y paliar las necesidades que estaban surgiendo. Con todo esto, y habiendo gastado una pequeña parte de todo el dinero que llegó, ya se han hecho tres donaciones y repartos de víveres, habiendo podido ayudar a más de setenta familias.

La vida seguía en Roboré. Compras, charlas con los hermanos, reuniones, enfermedades… El tiempo pasaba y la situación nacional y mundial no mejoraba, aunque en ciertos momentos nos iba dando tregua. Tanto es así que durante las tres últimas semanas he tenido la suerte de poder vivir la experiencia de Campo de Trabajo en una de nuestras comunidades, concretamente Los Sotos. Volver a vivir en la comunidad, acompañar a las familias en su día a día, hacer actividades con niños y mamás… e incluso este año, participar en actividades de la comunidad de las que no estaba acostumbrado como acompañar a una familia a su chaco a recolectar yuca.

Estar en la comunidad, volver a casa, ver a gente que con el paso del tiempo es casi parte de tu familia, hace que cambies de aires, que te olvides por un momento de las dificultades que está atravesando el mundo. Y, sobre todo, haces que el encierro obligado de la comunidad se haga un poco menos duro ya que, de una u otra forma, los entretienes. Como decimos siempre, el hacer manualidades, tomar un café juntos, acompañarlos en una excursión o comer en su casa son excusas o, mejor dicho, motivos para estar con ellos. Motivos para compartir vida, para disfrutar de la compañía mutua y ya hablando personalmente, para aprender mucho de ellos y de su forma de vida.

 

Seguimos con la aventura. En unas semanas, si la situación lo permite, realizaremos el Campo de Trabajo en las dos comunidades que quedan. Mientras tanto, a seguir viviendo la experiencia de vida en comunidad, ayudando cuando es necesario y así lo reclaman a los alumnos becados con las tareas y trabajos que tienen que realizar.

Un choque de codos con todo el cariño para todingos y todingas deseando que estéis genial de salud.

Luis Alberto, voluntario de SED

Roboré, 9 de agosto de 2020

“Antes de venir a Bolivia, nunca imaginé que el verbo ‘estar’ pudiera tener tantos significados”

Un saludo con todo mi cariño y afecto para todingos y todingas que leéis esto. Ya ha pasado un mes desde que llegué a esta bendita tierra y el tiempo vuela como tucán entre tajibos, toborochis y paquiós.

Y es que la vida en Roboré y en las comunidades, por mucho que hablen del carácter calmado del camba, no cesa. Con el comienzo de curso, reuniones y actividades en el colegio, los días pasan muy rápido y casi sin darte cuenta de ello.

Todo sin olvidar el principal motivo por el que estoy aquí: ESTAR.

“Antes de venir a Bolivia, nunca imaginé que el verbo ‘estar’ pudiera tener tantos significados”

Estar significa acompañar a esa familia mientras tomas un café; estar también significa reír sin parar por bromas y comentarios que hacen los becados entre ellos y hacia mí; estar significa jugar con las niñas del Hogar de San Francisco al Twister o al Uno y disfrutar escuchándolas reír; también significa hablar con los hermanos durante largos periodos, escuchando historias que te han podido contar mil veces, pero sintiendo que son felices compartiendo contigo y notando como se para el tiempo a cada rato que pasamos juntos; pero lo más importante, estar significa compartir momentos, y sobre todo, compartir vida.

Visitas a las familias, a las que después de cinco años consideras parte de ti, esos “tíos”, “primos” o “abuelos” que estás tiempo sin ver porque viven fuera, pero que por mucho que pase el tiempo siguen así y a los que no nombro porque seguro que se me olvida alguno. Siempre tan agradecidas, con ese cariño que desborda por los cuatro costados y con tantos recuerdos de toda la gente que habéis estado por aquí.

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Los hermanos, qué decir de ellos. Además, contando este año con la suerte de tener un hermano más, por lo menos hasta julio. Esos hombres tan llenos de vida a pesar de la edad. Esos ejemplos de entrega desinteresada, reflejos de Dios en el mundo. Incansables cada uno dentro de lo suyo.

A Vidal, en la coordinación del colegio, no se le escapa una. Obras, reuniones, actos cívicos, siempre el primero en todo. Jesús, con sus paseos de hora u hora y media todos los días. Siempre después de haber dado los buenos días a todo el personal del colegio y habiendo regalado un caramelo, eso sí, solo a las profesoras. Además, de algún que otro día llevar la comunión a varios enfermos del pueblo. Sebastián, el nuevo hermano, apasionado y amante de la Chiquitanía y de su naturaleza. Paseando por el colegio, saludando a los chicos, cuidando el patio en sus momentos libres.

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Convivencias con los becados, con los profes y con pastoral (para empezar con fuerza la nueva gestión escolar). Juegos, gymkhanas, baños en los balnearios de Roboré, disfrutando momentos juntos y compartiendo tiempo y reflexiones que nos ayudarán a tener un fantástico año o, por lo menos, a poner todo nuestro empeño para que sea así.

Este año veinte becados, solo de quinto y sexto de secundaria. La educación en la unidad educativa de Limones va avanzando – en mayo o junio se estrenará el nuevo edificio – y cada vez hay menos becados. Pero el proyecto y la ayuda siguen, de otras formas y quizá con miras a buscar nuevos retos, pero seguimos al pie del cañón.

Con las niñas de San Francisco es disfrutar de la sencillez. Niñas que pasan solas tanto tiempo, son felices con tan poco, viendo una peli, haciendo una manualidad en goma eva o yendo a pasear al río. Y siempre con esa felicidad que les caracteriza y con ese “gracias” desde el corazón cada vez que nos vamos.

El trabajo en el colegio y en las comunidades es otro de los puntos fuertes. Cuando uno trabaja poniendo cariño en lo que hace, poniendo todo su entusiasmo para que salga todo lo mejor posible, cuando el trabajo es una vocación, las letras muchas veces cambian y se transforma de profesión a pasión. Apoyo escolar a los niños, acompañamiento a profesores y a chicos en el colegio y en la pastoral o apoyo psicopedagógico serán algunas de las funciones que con alegría y entusiasmo llevaré a cabo. Siempre teniendo presente la frase de Marcelino: “para educar a un niño (adolescente, adulto) hay que amarlo”.

Y todo esto es mi día a día. Un día a día que disfruto e intento vivir a tope exprimiendo cada segundo para que nada se quede sin vivir. Y así seguiremos hasta diciembre, cuando me toque volver a decir adiós. A todos los voluntarios de SED que tengáis inquietudes, aquí os espero. Estoy seguro, como me ha pasado a mí en otras ocasiones, que os enamoraréis de esta tierra y de su gente.

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Muchos saludos para todingos y todingas sintiéndome desde España muy querido y acompañado.

Luis Alberto | Voluntario de SED

Otro ritmo en Roboré

Buenos días a todingos y todingas desde tierras bolivianas. Finalizamos la tercera semana en las comunidades y con ella hemos cruzado ya el ecuador de nuestro campo de trabajo.

Después de estas tres semanas de actividad, echando la vista atrás miles emociones y recuerdos llegan a nuestra cabeza. Empezando por la primera semana, cuando llegamos a las comunidades, el reencuentro con las familias y los abrazos y gestos de tanto cariño sincero, esos paseos por las comunidades sin parar de escuchar “¡Españoles!” en boca de todos los niños, los talleres con mamás y con los peques, las fiestas de bienvenida en las tres comunidades,  la de los becados, todo lleno de música, bailes, momentos de compartir y muchas muchas risas.

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Gracias Bolivia

Cuando volví a Córdoba, España, mi madre y mi hermana me preguntaron, bueno ¿Qué tal en Bolivia?…pues alrededor de dos semanas han pasado hasta que he conseguido poner en orden tantos sentimientos: a algunos no sabes ponerle nombre, otros, que no consigues encajar, otros que cuando los piensas se te saltan las lágrimas.

Es una responsabilidad saber transmitir todo esto y con mis pocas dotes comunicativas va a ser difícil.Saltar el charco en avión y llegar a Bolivia ya me parecía algo increíble la verdad, algo que sabía, que merecería la pena, pero lo mejor estaba por llegar.

Los niños, como decía Marcelino Champagnat, son lo más importante, es la base de la evolución del progreso, el amor que te transmiten esos niños, de respeto, querer estudiar, de simplemente quererte porque te sienten como alguien de tu familia, es algo revolucionario, cada niño va agarrando un cachito de tu corazón y se lo va quedando. Pese a las responsabilidades adultas que tienen, nunca se desaniman siempre quieren jugar más, aprender más.

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“Respeto, sencillez y humildad”

Han vuelto a surgir muchas sensaciones tras la estancia en Santa Cruz, en Roboré y en las comunidades de San Pedro, Limoncito y Los Sotos.

La acogida de los Hermanos en Santa Cruz es siempre generosa; continuamente con mucha tarea en el cole, que nos demuestra la gran capacidad de trabajo y continuidad de una buena enseñanza. El Espíritu alegre que se vive en la casa queda grabado como ejemplo para nuestra vida diaria. Este año hemos coincidido unas horas con los voluntarios que irían a Comarapa; pudimos compartir desayuno con ellos; no recuerdo bien el tema del que se hablaba ahí, pero el Hermano Bonifacio comentó una frase de la que me acuerdo casi a diario: “menos analizar y más vivir”. Y es que a veces estamos tan inmersos en nuestras tareas, que no somos capaces de disfrutar de las cosas buenas que la vida nos va ofreciendo.

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Un tiempo de encuentro

Es difícil contar lo vivido en Bolivia cuando aún habiendo vuelto hace dos semanas, sigues sintiendo que una parte de ti sigue aún allí, cuando te levantas y sientes que estás en un sitio extraño, que tu lugar está a miles de kilómetros, que parte de tu familia se ha quedado allí.

Es muy difícil expresar en un papel lo que se siente, no solo estando en las comunidades, sino siendo parte de ellas durante un mes y medio, sintiéndote uno más, alguien a quien acuden y con quien comparten su vida y su realidad. Sentir que unas personas maravillosas diariamente te abren las puertas de su casa y de su corazón contrasta mucho con la forma que tenemos de ser aquí, en las ciudades, donde cada uno va a lo suyo y a veces ni conocemos a nuestros vecinos, ese sentimiento de comunidad y de que tú eres parte de ella.

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Profetas de nuestro tiempo

Paro. Me detengo. Abro los ojos y estoy en un lugar donde el Evangelio se hace literal para decirme que no hace falta llevarse bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero para encontrarme con mi hermano, porque cuando estoy en un lugar donde se respira a Dios desde que me levanto hasta que me acuesto no me hace falta nada más para ser auténtica, para ser feliz. Cuando vives continuamente en esa presencia de Dios, llegas a contemplarlo en todo lo que te rodea, desde la inmensidad de la naturaleza, los abrazos de los niños, la ternura de los Hermanos, las conversaciones con las familias y hasta en el silencio.
La Fe es un don, pero la disposición a la Fe es personal. Es esa disposición la que nos abre el corazón para encontrarnos con Dios en los pobres, desde la sencillez y la humildad, quitando los aires de prepotencia y propiciando una relación de horizontalidad. Porque os aseguro que ellos tienen mucho más que enseñarnos de lo que nosotros podemos llegar a aportar.

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“Llegar allí es llegar a casa”

Escribir todo lo vivido en un mes y medio es imposible. Han sido muchas risas, momentos, charlas con mamás, familias, jóvenes, inquietudes sobre su futuro, su realidad; una realidad que a veces es difícil de procesar pero en las que siempre esas familias sacan la fuerza para tirar hacia delante y es que no se puede decir de otra forma, son imagen de esfuerzo y constancia.

Llegar allí, es llegar a casa, porque siempre te reciben con una gran sonrisa y con ganas de que estemos más y más tiempo, pero a veces eso es lo que pasa, que no tenemos tiempo.

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“Serás feliz haciendo feliz a los demás”

Hay una canción de un grupo español llamado ‘Siempre Así’ que dice: “Bienvenido a tu casa, aquí se habla en amor, el idioma del alma, el que mueve montañas, el idioma de Dios”. Después de tres años teniendo la suerte de poder visitar Bolivia y vivir una experiencia de voluntariado internacional en Roboré y en las comunidades de Limoncito, San Pedro y Los Sotos, lo primero que me sale es dar gracias a Dios por darme el regalo de vivir una experiencia como ésta, por dejarme vivir y compartir vida con tantas y tantas personas que desde la sencillez y la humildad te abren las puertas de su casa y de su vida y te hacen sentir querido, amado y, sobre todo, feliz.

Desde el año 2012, soy salesiano cooperador, laico consagrado y con vocación para dedicar su vida, dentro de las posibilidades, a las personas más necesitadas. Y aunque aquí en Badajoz soy feliz con mi trabajo, soy maestro de niños de primaria, es en Bolivia y junto a las familias de las comunidades donde verdaderamente he encontrado mi felicidad, y lo mejor de todo, donde he descubierto al verdadero Dios.

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Volver a respirar…y volver a llenarte

Sentarse delante de un folio en blanco e intentar poner palabras a una experiencia tan vivencial y llena de emociones se hace realmente complicado. He tardado bastante hasta tener más o menos claro de qué quería hablar…

Para mí el ir por segunda vez a Bolivia es volver a respirar. El mundo al que pertenecemos nos hace ir con prisas, corriendo de aquí para allá, sin apenas pararnos a pensar qué hacemos o por qué lo hacemos…parece que si te interrogas a ti mismo con estas preguntas debes sentirte culpable, porque estás desperdiciando ese bien tan preciado para nuestra sociedad: TIEMPO.

La falta de tiempo hace que, sin duda, no se sepa ordenar lo urgente y lo importante y que muy a menudo se confundan el uno con el otro. Terminamos a toda prisa todo lo que debe quedar hecho: papeles del trabajo, reuniones, las últimas despedidas…hasta que por fin estás subido a ese avión que te lleva no solo a otro país, sino a otra realidad.

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