Calor y polvo rojo en la Perla de Oriente

Acabamos de llegar a Roboré después de dos años sin poder venir. La pandemia nos ha impedido estar pero no hemos olvidado nuestro compromiso con esta tierra y sus gentes.

El Hno. Goyo, Rocío y yo visitamos las comunidades campesinas de San Pedro, Limones y Los Sotos. Por fin de nuevo aquí. Abrazos, besos y apretones de manos. No nos esperaban y sus caras reflejan la sorpresa.

Es lunes, comienzan los roles. Empanadas de queso, masako, locro, chicha… los comunarios abren sus casas ofreciendo lo mejor que tienen: su corazón. Y así vemos como acá los valores quedan invertidos, verdadera riqueza por todas partes. Cariño, afecto, sonrisas… puro amor construido sobre la confianza y el compartir de ya 14 años en los que 58 atrevidos han acompañado a las familias indígenas de estas comunidades chiquitanas.

Y es que la misión no es más que esa, caminar y compartir al estilo de Jesús para ablandar un corazón que, por la rutina y la monotonía del día a día, a veces se despista de lo verdaderamente esencial: DIOS ES AMOR.

Un amor que vemos en sus miradas curiosas, en los abrazos de los niños y niñas, en las preguntas por los que no han podido venir, porque ellos tampoco olvidan. Son muchas las vivencias compartidas y el día es largo, la charla tranquila y el compartir agradecido.

Y van pasando los días, con las familias, con los peques, a la escucha de todo lo que sucede a nuestro alrededor porque la fe y la esperanza nos dicen que este pueblo despierta y lo hace con fuerza.

Javier Trigo | Voluntario de SED

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