Archivo19 julio, 2022

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Calor y polvo rojo en la Perla de Oriente
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Tierra de esperanza, país de la hospitalidad

Calor y polvo rojo en la Perla de Oriente

Acabamos de llegar a Roboré después de dos años sin poder venir. La pandemia nos ha impedido estar pero no hemos olvidado nuestro compromiso con esta tierra y sus gentes.

El Hno. Goyo, Rocío y yo visitamos las comunidades campesinas de San Pedro, Limones y Los Sotos. Por fin de nuevo aquí. Abrazos, besos y apretones de manos. No nos esperaban y sus caras reflejan la sorpresa.

Es lunes, comienzan los roles. Empanadas de queso, masako, locro, chicha… los comunarios abren sus casas ofreciendo lo mejor que tienen: su corazón. Y así vemos como acá los valores quedan invertidos, verdadera riqueza por todas partes. Cariño, afecto, sonrisas… puro amor construido sobre la confianza y el compartir de ya 14 años en los que 58 atrevidos han acompañado a las familias indígenas de estas comunidades chiquitanas.

Y es que la misión no es más que esa, caminar y compartir al estilo de Jesús para ablandar un corazón que, por la rutina y la monotonía del día a día, a veces se despista de lo verdaderamente esencial: DIOS ES AMOR.

Un amor que vemos en sus miradas curiosas, en los abrazos de los niños y niñas, en las preguntas por los que no han podido venir, porque ellos tampoco olvidan. Son muchas las vivencias compartidas y el día es largo, la charla tranquila y el compartir agradecido.

Y van pasando los días, con las familias, con los peques, a la escucha de todo lo que sucede a nuestro alrededor porque la fe y la esperanza nos dicen que este pueblo despierta y lo hace con fuerza.

Javier Trigo | Voluntario de SED

Tierra de esperanza, país de la hospitalidad

Tierra de esperanza, país de la hospitalidad. De esta manera tan preciosa da comienzo el himno nacional marfileño. Igualmente se iniciaba la homilía pronunciada por nuestro amigo Simeón, cura párroco de Sakassou y de los diferentes santuarios sitos en las aldeas y poblados circundantes.

El pasado jueves 14 de julio los voluntarios de Costa de Marfil fuimos a la zona de Sakassou para continuar con los proyectos que SED desarrolla en aquellas tierras. Entramos siguiendo la larga y continua fila de niños y jóvenes llevando agua desde el pozo a 1’5 kms del poblado. La tarde de esa misma fecha hicimos entrega de un triciclo motorizado con remolque a la comunidad del poblado de Alloko Djekro. Ambiente especialmente festivo, con el pertinente estricto procedimiento que ha de seguirse para reunirse con el jefe del poblado y sus autoridades.

Tras varias horas de reunión con la comunidad, con el cielo tomando tonos rosados oscuros y la silueta de los árboles selváticos dibujándose en el firmamento, volvimos a Sakassou con el objetivo cumplido. Alloko Djekkro, con la colaboración de SED, ya puede desplazar enfermos, participar del comercio de la capital y dar pasos hacia el desarrollo a velocidad de motocarro.

Los gallos son nuestro despertador. Amanece en Sakassou. Amanecemos con él. Tenemos mucho trabajo por delante y varios poblados que visitar. Simeón ya nos espera con el motor en marcha para ir a compartir la Eucaristía con la comunidad de Odiaye. Acompañada de cánticos «africanamente celestiales» vivimos la misa con gran intensidad. Tras esta, hicimos entrega de aceite, azúcar y varios sacos de arroz que recibieron con cánticos de agradecimiento.

Igualmente diseñamos juntos a los representantes de la comunidad, varios proyectos. A destacar la ampliación de la humilde capilla, que se queda extremadamente pequeña ante tan boyante comunidad católica.

Tras los saludos protocolarios animados por las risas, el bangui (vino de palma) y los reencuentros, nos adentramos más profundamente en la selva para visitar la pequeña comunidad de Attiakro. Haciendo la debida entrega de alimentos y celebrando, otra vez, la Eucaristía, incorporamos también a la lista de proyectos pendientes para SED en esta zona, la habilitación de un centro y la construcción de un espacio social polivalente (apatán) en el nuevo terreno que ha recibido la comunidad católica, debido al traslado del pueblo a otro lugar cercano.

Tras una breve parada en Sakassou para comer, retomamos la carretera para visitar el poblado de Kpetebonou. En él, está en marcha el proyecto de reforestación que SED persigue desde hace dos años. Con música tradicional de fondo fruto del ambiente festivo que impera en el pueblo, entregamos nuestros presentes y, entre fotos, abrazos y sonrisas, volvemos a Sakassou.

Un detalle importante. Si, efectivamente, hay un común denominador en todas aldeas que visitamos, no es este únicamente el agradecimiento, ciertas carencias materiales o la larga distancia que hay entre ellas. Este elemento compartido, la más grande fortuna de todas, es, sin duda, la presencia de los niños. Ellos son el futuro de los pueblos y la esperanza de los mayores. A ellos les debemos gran parte de nuestra felicidad y de nuestro saber. Porque ellos son aprendices y maestros, fuente de actividad y de paz. Son, indudablemente, la mayor riqueza de nuestra sociedad.

Y allí estaban, discretamente en cada reunión, en cada choza-capilla, en cada esquina y en cada fuente… Observando atentamente cómo podían construir futuro. En esta línea emotiva fue el encuentro con niños y niñas que se atienden desde el proyecto de malnutridos en Sakassou. Llegamos en el momento de reparto de leche y fideos para completar la dieta de los bebes. Un proyecto con trayectoria y que estudiamos como mejorar.

El domingo nos juntamos con la comunidad de Mandeké para celebrar la Eucaristía. Humilde comunidad y humilde capilla. Proyecto urgente: construir una nueva iglesia junto con un edificio multiusos. Y es que la urgencia del mismo viene por la situación actual del templo: techo construido con hojas de palmera enlazadas con lianas, paredes de arcilla y columnas hechas con troncos de árboles provenientes de la selva. Analizamos el terreno y diseñamos planos y presupuestos para dar comienzo, cuanto antes, a un nuevo proyecto de SED.

De vuelta a Bouaké atendemos las peticiones de la carpintería Scout «Geppeto». Es un proyecto que lleva más de veinticinco años en marcha, con formación continua para jóvenes quienes, aprendiendo este oficio, consolidan su futuro profesional en el sector de la madera.

Objetivo cumplido: hemos retomado el contacto con las comunidades de Sakassou y hemos relanzado los proyectos que SED tenía en marcha antes de la pandemia, pero también iniciamos nuevos proyectos que requieren de ilusión, trabajo, y mucha generosidad. En cada momento y atento a nuestro peregrinar por las comunidades, históricamente cercanas a SED, nos acompaño el Padre Simeón como representante de nuestros socios locales. Mil gracias padre. Su amistad nos honra.

Marcos Ibiza | Voluntario SED

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