Un tiempo de encuentro

Es difícil contar lo vivido en Bolivia cuando aún habiendo vuelto hace dos semanas, sigues sintiendo que una parte de ti sigue aún allí, cuando te levantas y sientes que estás en un sitio extraño, que tu lugar está a miles de kilómetros, que parte de tu familia se ha quedado allí.

Es muy difícil expresar en un papel lo que se siente, no solo estando en las comunidades, sino siendo parte de ellas durante un mes y medio, sintiéndote uno más, alguien a quien acuden y con quien comparten su vida y su realidad. Sentir que unas personas maravillosas diariamente te abren las puertas de su casa y de su corazón contrasta mucho con la forma que tenemos de ser aquí, en las ciudades, donde cada uno va a lo suyo y a veces ni conocemos a nuestros vecinos, ese sentimiento de comunidad y de que tú eres parte de ella.

Nunca podría plasmar aquí el sentimiento que te recorre cuando llegas por primera vez a las comunidades o cómo al bajarte del micro en San Pedro tienes ya a unos cuantos niños corriendo hacia ti para abrazarte y decirte las ganas que tenían de que volvieras, cómo al llegar a Los Sotos todas las madres te están esperando con ansias para conocerte y saber de ti o cómo en Limoncito hacen sentirte la persona más especial del mundo cuando cada niño, madre o padre de la comunidad cada vez que te ve sale para saludarte porque quiere conocerte, y el ver cómo los chicos se cuidan entre ellos, con el amor que se tratan y te transmiten.

Uno de los pilares de esta experiencia han sido los hermanos Jesús y Vidal, son unos pilares importantísimos en Roboré, en las comunidades y para nosotros. Personas que desprenden ese amor y ese sueño por el que Marcelino tanto luchó, son Hermanitos hechos de otra pasta, que son respetados y queridos allí por donde van por el amor que entregan; sin duda todo lo vivido no sería igual sin ellos, sin sus consejos y sin sus charlas.

Esta experiencia ha sido un tiempo de encuentro con el Padre, ser capaz de ver en muchas personas el amor que brota de ellas, ese amor puro y transparente, ver cómo en ningún momento se pierde el sentido de por qué hacemos las cosas allí. Todos los días buscábamos un momento como grupo para poner nuestras acciones del día en manos del Señor, ya fuera en la Celebración de la Palabra en las comunidades o con los Hermanos acompañándoles a misa los fines de semana. Haciéndome eco de las palabras de Jesús El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.”

Sin duda siento que allí he encontrado el Reino de Dios que nos habla esta parábola, esa paz, ese amor y esa felicidad que hace que una vez vivida, no te deja indiferente. El encontrar la felicidad en despojarte de todo aquello que aprisiona nuestro corazón, de muchos prejuicios y personalmente para mí, el dejar atrás mi mentalidad de que todo tiene que tener un resultado inmediato. El simple hecho de apoyar, acompañar, escuchar a los niños, las familias y los becados… ya es suficiente para hacer que una persona se sienta querida y amada.

Si tuviera que resumir todo lo vivido en una palabra esa sería CHAPIE (gracias), gracias al Padre por darme esta oportunidad, gracias por todos los dones que me ha dado y que he puesto al servicio de las comunidades y han hecho que sienta que aquellas comunidades son parte de mi al igual que siento que soy parte de ellas, gracias por mis compañeros de camino, personas que sin conocernos de mucho, hemos sido una gran familia y han sido gran apoyo, gracias por todos los comunarios, porque han hecho que me sienta parte de su familia desde el primer día.

Ahora, de vuelta en España, solo me queda contar mi experiencia, contar cómo este Campo de Trabajo-Misión no te deja indiferente ante las realidades del mundo, cómo animo a cada persona Marista o no, Boliviana o Española, a que como dice el Papa Francisco: “salgamos a la periferia”, necesitamos volcarnos en la misión porque os aseguro que con poco que entreguéis, recibiréis montones.

 

Álvaro Lozano, voluntario de SED en Bolivia

Grupo Ad Gentes

 

 

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