Silencios de amor

Una semana que acaba. Una despedida que sabe como todas las despedidas y un montón de vivencias que revolotean por tu cabeza y no te dejan dormir.

Una de las cosas que te deja esta experiencia por las comunidades campesinas es el valor de los tiempos de silencio. Silencios de amor, porque todo lo que emana de esta vivencia es AMOR, y del bueno, de ese que se te mete dentro, en lo más profundo de tu ser y te impregna, derramándose y empapándote, como cuando la lluvia del camino te pilla sin paraguas y te va calando, poco a poco, sin prisa, pero sin pausa.
Ese es el amor que aquí se siente.

Silencio de amor cuando caminas por las montañas, yendo de acá para allá y recuerdas el rato que has pasado con la familia que te acoge y te cuenta su vida, comparte su comida y permite que entres un poco en su interior y te revelan sus sueños .

Silencios de amor cuando los chicos salen de sus casas y se unen a tu caminar en dirección a la escuelita. Sientes su cariño y las ganas y la necesidad de alguien que les acompañe.

Silencios de amor cuando observas a tu compañera en esta aventura, Juani, como se rodea de los niños, los abraza y los besa como una madre y les enseña algunas palabras en inglés.

Silencios de amor cuando por la noche, una vez acabada la jornada te sientas en la fría silla de plástico, abrigado hasta las orejas, y reflexionas sobre todo lo recibido durante el día.

Silencios de amor cuando te sientas en el taco de madera que utilizan como silla y te traen un plato de comida caliente. Miras a la persona que te lo trae, a veces uno de los hijos, miras el plato y das gracias a Dios por éste regalo.

Silencios de amor, cuando no hay ninguna tarea que realizar, solo ESTAR, y recuerdas a la mujer de tu vida, lejos en España, y añoras sus abrazos y sus besos. Y piensas que estarán haciendo tus dos hijos. Y no puedes nada más que suspirar y pensar que en breve los tendrás cerca y derramarás sobre ellos ese amor que te ha calado hasta los huesos, como la lluvia que chirchea por estos lares.

Silencios de amor cuando te tumbas en el catre improvisado con un colchón sobre el suelo, al intentar conciliar el sueño y piensas en cuanto amor hace falta regalar, aquí y allá.

Silencios, muchos silencios, todos ellos reflejan ese sentimiento que debería ser universal, ese motor que cambiaría todo, que nos haría más humanos, más sencillos, más justos. Ese sentimiento por el que rezo cada día para que sea mi único motor. Ese sentimiento con el que sueño poder transmitir, porque así lo he recibido, como la lluvia que empapa la tierra y la llena de vida.
Ese sentimiento, ese silencio lleno de AMOR.

 

Javier García

Voluntario de SED en Bolivia

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Copyright © 2014. Todos los derechos reservados. Desarrollo web: www.startidea.es