I Aniversario del proyecto de Twayuka, Zambia

Comenzamos este 2018 con noticias llegadas desde Zambia. Ojalá pudiera escribir que todas ellas son buenas. Pero no es así. Comenzaré por la menos buena. Nos han contado que se ha retrasado el inicio de los colegios (en Zambia comienzan en enero no en septiembre como aquí) debido a un brote de cólera en Lusaka. Esta mala noticia pone de manifiesto la debilidad del sistema sanitario zambiano. Ojalá sus gobernantes se tomen en serio este nuevo caso y solucionen el problema de raíz, para que año tras año no se repita.

Desde el colegio de Twayuka, nos llegan las buenas noticias. El 83% del alumnado de séptimo grado ha aprobado los exámenes nacionales para pasar a Secundaria. ¡Enhorabuena a todos y todas ellas! Y es que en Zambia cuando acaban la Primaria se tienen que presentar a los exámenes nacionales (tipo selectividad), donde tienen que sacar buena puntuación para poder ir a Secundaria.

Esta buena noticia coincide con el primer aniversario del proyecto de Twayuka y en  parte tiene mucho que ver. La propia directora cuando nos contó los resultados, nos lo dijo: “Gracias al proyecto, a que los niños y niñas pueden estudiar mejor con la mejora de las aulas, que el profesorado está más motivado, con la labor de los voluntarios y voluntarias que han pasado por las aulas, gracias a ello, han aprobado tantos”.

Y es que tan sólo hace un año de un sueño hecho realidad. El sueño de ofrecer una educación de calidad, una forma de estudiar e ir a clase más digna, se ha hecho realidad. Y se ha hecho realidad gracias a la solidaridad de muchas personas que creyeron en él, que creen en el derecho a la Educación como alternativa a la pobreza.

Os recordamos que este proyecto comenzó hace un año con la reparación de 39 pupitres. Le siguieron la reconexión con la electricidad y compra de un ordenador e impresora para el colegio. El alumnado de 1º, 2º y 3º de primaria dibujó sus mochilas y en el centro de formación profesional de St. Marcellins las cosieron.

Ya en enero de 2017 se instalaron las puertas de hierro para asegurar 3 clases y se pintaron los dos aularios (por dentro y por fuera). La alegría del profesorado llegó en febrero cuando estrenaron las 5 mesas y 5 sillas. Desembarcaron también los 35 pupitres restantes.

Finalmente, llegaron las ventanas, gracias a las cuales este invierno, alumnado y profesorado han podido dar clase con normalidad.

Este proyecto ha significado un antes y un después en este pequeño colegio, es cierto que quedan muchas cosas por hacer y por mejorar, cosas que para nosotros son básicas e imprescindibles pero que ellos nunca han tenido. Desde SED, seguimos apostando por la educación como motor de desarrollo y mejora de calidad de vida de las personas. ¿Contamos contigo? ¡Vente!

¡GRACIAS!

Lucila Bergareche, voluntaria de larga duración en Zambia

 

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