Hombres de maíz

En Guatemala, al sembrar el maíz, el agricultor suele poner cinco granos juntos en cada hoyo. Así pues, aunque ordenadas, las cañas crecen en pequeños grupos. Este hecho, incomprensible para cualquier castellano, hunde sus raíces en la tradición maya, que le atribuye a cada grano de maíz un beneficiario y que nos permite hacer un paralelismo con nuestra experiencia guatemalteca.

El primer grano de maíz se dedica a Dios. De igual manera, nosotros sabemos que los talentos que tenemos se los debemos a Él y, por ello, el fruto de nuestra tarea a Él se lo ofrecemos.

La segunda semilla representa al propio sembrador, ya que, a pesar de ser un tópico infinitamente repetido, no por ello es menos cierto que, en experiencias como las que nosotros hemos vivido, uno siempre recibe más de lo que da y a nosotros nos ha pasado lo mismo.

El tercer grano se siembra por la familia. Esto nos recuerda la comunidad marista que nos ha acogido y que verdaderamente se ha portado como una familia al hacernos sentir como en casa. Nos han sabido guiar y aconsejar y hemos descubierto en ellos lo que significa el trabajo perseverante y humilde.

El cuarto se ofrece por el necesitado, que es la dimensión que, a priori, más buscábamos trabajar. Nuestra labor ha estado enfocada a cubrir las posibles carencias que encontrásemos, fundamentalmente en el ámbito educativo, donde hemos sido testigos del milagro que suponen las becas escolares de SED, no por inexplicables, sino por lo encomiable del objetivo que consiguen, y que es situar la piedra angular que supone la educación en la base de la vida de cientos de niños y niñas.

La quinta semilla se siembra por los pájaros, quienes de forma anárquica se cobran el peaje que impone la propia naturaleza. Asimismo, nosotros dejaremos vivencias, nos separaremos de personas queridas y tendremos que permitir que el olvido custodie algunos recuerdos, ya que no nos es posible llevarnos todo lo compartido. No por ser esperado, este pago resulta menos doloroso, pero, en parte, es lo que dota de realidad y valor a la experiencia vivida.

Dicho esto, nuestra estancia aquí ya toca a su fin. No obstante, nos vamos sabiendo que la milpa ya verdea y que, como es costumbre, también el frijol está plantado para que, cuando la caña de maíz crezca, esta le sirva de tutor.

En definitiva, nuestra labor prácticamente carece de importancia directa. Sin embargo, a pesar de que nuestras cañas se sequen, éstas habrán conseguido dar el sustento conveniente en forma de educación a los niños, niñas y jóvenes que se convertirán en los hombres y mujeres de maíz del mañana y serán ellos mismos los que forjen el futuro de Guatemala.

MALTYOX GUATEMALA

 

Ignacio Vasserot Tolmos, voluntario de SED en Guatemala

Antonio Tejedor, voluntario de SED en Guatemala

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