Entre montañas

Pasear por las montañas de Alta Verapaz en Guatemala es un placer para todos los sentidos.

Los paisajes son espectaculares, sus olores, el silencio….todo esconde la vida de estas personas con las que estamos conviviendo.

Estas semanas he tenido la suerte de acompañar a Jairo, el técnico del programa de huertos sostenibles que llevan a cabo las hermanas de Futuro Vivo con la ayuda de SED, en sus visitas a los huertos de las diferentes comunidades.

El programa consiste en la creación de huertos familiares atendidos por mujeres para el abastecimiento personal e incluso la venta de los productos obtenidos.

Se trata de una agricultura orgánica.

El técnico, Jairo, visita los huertos para ver cómo los tienen dispuestos las mujeres y así aconsejarles sobre la mejor manera de obtener productos de calidad.

Me ha sorprendido gratamente el trato de Jairo hacia las mujeres. Con mucha paciencia les ha explicado cómo lavar la tierra y prepararla en pequeños tablones para que la lluvia no se lleve las semillas plantadas. Una a una ha ido escuchando sus dudas y resolviendo de forma eficaz.

Una vez preparado el terreno, Jairo les dará abono orgánico que las mujeres tendrán que aplicar diez días antes de la siembra. Una vez aplicado el abono, Jairo les dará semillas y pequeños brotes que él previamente ha plantado en el invernadero de la escuela.

A su vez, las mujeres reciben charlas donde se les enseña cómo fabricar su propio abono orgánico ( cáscara de cardamomo, poso de café y ceniza) e insecticida (cebolla y ajo).

El mayor problema, la falta de agua. No llueve como debería estar haciéndolo en esta época del año. El poco agua que cae lo recogen en improvisados pozos hechos con grandes bolsas de plástico que mantienen cubiertas para evitar que se evapora

La hermana Uti les ha conseguido un puesto en el mercado para vender sus productos sin pagar nada siempre y cuando sean productos totalmente orgánicos y de buen aspecto.

Una vez más, la sorpresa para mí fueron estas mujeres. Con paso rápido, en chanclas y el bebé a la espada, recorrimos unos caminos en ocasiones inventados, llenos de maleza, con lodo, arriba, abajo…con un paso firme apenas alcanzable y eso que nuestro calzado era bastante más adecuado (eso pensaba yo) pues llevábamos botas de montaña.

Los huertos no se encuentran cerca de sus casas. Para llegar a algunos hemos tenido que caminar más de tres cuartos de hora y, como os he dicho antes, por caminos nada fáciles.

Algunos maridos les echan una mano pero en la mayoría de los casos son ellas las que se encargan de sacarlo adelante.

Entre milpa y milpa, subida y bajada, he tenido la suerte de escuchar con atención sus confidencias, sus inquietudes, sus preocupaciones…pero eso será para otro capítulo.

 

Saludos desde Samac Silvia

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