CTM Zambia

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Zambia en el corazón
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Me siento agradecida
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Sabor a felicidad
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Nsansa, icikuku, ukupusanina, ubumi
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I Aniversario del proyecto de Twayuka, Zambia
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A veces no es fácil
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Zambia se escribe con “H” (Camino de la escuela)
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El misterio de la luz
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Volver (2ª PARTE)
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El tiempo en Zambia corre dulce como un río…

Zambia en el corazón

Se acerca el momento de finalizar nuestra estancia aquí y resulta duro despedirse de tantas experiencias que hemos vivido en estas semanas: el camino a Twayuka con los niños saliendo de sus casas a saludarnos, la alegría de los chicos de la escuela al vernos llegar y sus infinitas muestras de ternura, la familiaridad de los profesores y alumnos del Skills Centre y, cómo no, la cercanía, el cariño y la disponibilidad de nuestra comunidad con la que hemos compartido muchos y buenos momentos.

Con el paso de los días nos emociona ver cómo se han fortalecido nuestros vínculos con la gente de aquí, sentir que intentan darnos hasta aquello que no tienen y el agradecimiento sincero que nos transmiten.

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Me siento agradecida

Han pasado varios días que no os cuento nada, pero la experiencia de hoy ha sido maravillosa, por lo que es precioso y preciso compartirla. He estado en una reunión con madres sin suficiente solvencia económica de esta zona de Mulungushi que tienen a sus hijos e hijas en el colegio de St Paul´s Secondary School. Los hij@s de estas madres son alumnos becados por la ONGD SED (Solidaridad, Educación, Desarrollo) para que puedan continuar con sus estudios. En otras palabras, estos niñ@s pueden seguir estudiando por los fondos y aportaciones voluntarias de muchas familias de España que, periódicamente, ingresan una cantidad, la que sea. Ha sido un honor ver las caras de felicidad de esas madres que entienden la importancia de la educación, están orgullosas de que sus hij@s vayan a la escuela secundaria y se acerquen un poquito más a un posible trabajo digno.

En un intento también de compartir parte de la situación económica actual para muchas familias españolas, les he explicado a las madres cómo algunas de estas familias hacían un esfuerzo por seguir manteniendo su donación a SED -y muchas otras a diferentes ONG que también hacen verdaderas labores sociales-. Y me han respondido en bemba -el idioma de la zona- con una inmensa gratitud porque, como dijeron literalmente, “es de aplaudir que haya gente que quiera financiar los estudios de hijos que no son los propios”. En mi opinión, desde Europa también podemos aprender mucho de la sencillez y gratitud de estas madres.

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Sabor a felicidad

Entre polvo y hojas secas finalizamos la jornada del domingo sentadas debajo de un porche que ya hemos hecho nuestro. El sol zambiano se pone de color rojo mientras mentalmente repasamos nuestra primera semana de aterrizaje en la comunidad de Mulunghusi, Zambia, que nos acoge.
Escuchamos al hermano Mansoa arrastrar los pies por el corredor. A las seis y media se cena y en un baile de sobra conocido nos vamos incorporando para acompañarle en torno a la mesa.
La jornada diaria transcurre con lentitud, el “ritmo zambiano” lo llaman. No tenemos nunca claro si somos nosotras las que llegamos antes o aquí el tiempo se ralentiza.

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Nsansa, icikuku, ukupusanina, ubumi

Alegría, cariño, variedad, vida. Son algunas de las palabras que nos vienen a la cabeza al echar la vista atrás a nuestra primera semana en Chibuluma, Zambia.

Vivir en esta comunidad nos ha abierto las puertas a diferentes realidades de las que nos estamos empapando día a día. Por las mañanas vamos a Twayuka, a cuarenta minutos de casa, donde participamos en la vida de su Primary School. Un par de días a la semana nos acercamos al Skills Centre, un centro de formación profesional del Marist Educational Centre donde jóvenes mayores de diecisiete años se pueden formar en distintas disciplinas de carácter práctico como costura, carpintería, hostelería… El fin de semana aprovechamos para pasear por los alrededores, visitar la ciudad, compartir la eucaristía con la comunidad de Saint Michael’s y pasar más tiempo con los hermanos que nos han acogido de forma familiar y cercana.

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I Aniversario del proyecto de Twayuka, Zambia

Comenzamos este 2018 con noticias llegadas desde Zambia. Ojalá pudiera escribir que todas ellas son buenas. Pero no es así. Comenzaré por la menos buena. Nos han contado que se ha retrasado el inicio de los colegios (en Zambia comienzan en enero no en septiembre como aquí) debido a un brote de cólera en Lusaka. Esta mala noticia pone de manifiesto la debilidad del sistema sanitario zambiano. Ojalá sus gobernantes se tomen en serio este nuevo caso y solucionen el problema de raíz, para que año tras año no se repita.

Desde el colegio de Twayuka, nos llegan las buenas noticias. El 83% del alumnado de séptimo grado ha aprobado los exámenes nacionales para pasar a Secundaria. ¡Enhorabuena a todos y todas ellas! Y es que en Zambia cuando acaban la Primaria se tienen que presentar a los exámenes nacionales (tipo selectividad), donde tienen que sacar buena puntuación para poder ir a Secundaria.

Esta buena noticia coincide con el primer aniversario del proyecto de Twayuka y en  parte tiene mucho que ver. La propia directora cuando nos contó los resultados, nos lo dijo: “Gracias al proyecto, a que los niños y niñas pueden estudiar mejor con la mejora de las aulas, que el profesorado está más motivado, con la labor de los voluntarios y voluntarias que han pasado por las aulas, gracias a ello, han aprobado tantos”.

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A veces no es fácil

A veces, cuando compartes vida, no es fácil. En general todo se vive mucho más intensamente cuando estás de voluntariado, quizá porque sabes que es una experiencia que tiene fecha de caducidad, quizá por las ganas de aprovechar el tiempo al máximo y sacar lo mejor de ti… El caso es que lo bueno se hace grande, y cada pequeño paso es un gran triunfo, ya que las cosas en este lado del mundo van un poco más lentas; pero cuando llegan noticias no tan buenas, también se agrandan y hay días que es difícil sacar lo positivo.

Hoy quiero compartir con vosotros dos historias que me han tocado de cerca, que pueden ilustrar un poco algunas de esas noticias no tan buenas que desgraciadamente siguen sucediendo en Zambia.

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Zambia se escribe con “H” (Camino de la escuela)

He who works with his hands is a laborer.
He who works with his hands and his head is a craftsman.
He who works with his hands and his head and his heart is an artist
St. Francis of Asisis

Nos cruzamos cada mañana en el camino. El primer día te encotré a tan solo diez minutos de
casa, en la margen izquierda si te diriges a Chibote. Allí estabas oculto entre montículos de
arena rosita, esos que a nadie le habría gustado tener que cavar con sus propias manos. El
vídrio se acumulaba alrededor de tus amigos, que con voz animosa nos saludaron. Y tú, con la
mirada algo perdida y gesto más serio, sostenías la pala. ¡Cómo olvidar esas manos
polverientas y algo hinchadas por el trabajo realizado, que justo antes de irme se persignaban
y dedicaban un último saludo dirigiéndose al cielo!…

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El misterio de la luz

06:00  Amanecemos en Chibulama. Una luz tenue proviene de la capilla de la comunidad en forma de cánticos ancestrales que nos conectan con las raíces de esta tierra, no importa lo desconocido del lenguaje (“ici bemba”, la lengua local de esta región de Zambia). Las voces nos transportan a un lugar común, a lo profundo, allá donde reside la verdad. Con esta energía comenzamos la mañana…

08:00  Partimos de la comunidad rumbo a la escuela. Cuarenta minutos en los que la luz se encuentra en la gente que nos cruzamos a lo largo de los caminos: niños que nos acompañan y nos toman de la mano, trabajadores que llevan su derecha al corazón para saludarnos, algunos –incluso- se dan unas palmadas afectuosas sobre él, como símbolo de bienvenida. Todos ellos dirigen su mirada hacia nosotros con gesto amable…

09:00  Llegamos a Twuayuka. El brillo aparece en las sabias reflexiones con que Mrs. Mulenga (directora de la escuela) nos recibe cada mañana. Hablamos acerca de la educación, de la vida en Zambia, del futuro… El sol deslumbra ya y allí están los niños. Ese interés mutuo de disfrutarnos, de descubrirnos, de respetarnos hace que las horas transcurran veloces entre danzas, pinturas y gestos cómplices…

13:00  De vuelta a la comunidad, compartimos nuestra mañana entre los alimentos que con tanto cariño ha preparado Katherine. El festival de color está en los platos, entre vegetales y salsas, y en las conversaciones, siempre sazonadas con un toque de buen humor.

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Volver (2ª PARTE)

En mi última entrada en este blog os contaba lo que había significado para mí VOLVER a mi casa en España. En esta ocasión, os cuento cómo ha sido VOLVER a mi casa en Chibuluma. Es un placer y otro sueño más hecho realidad escribiros desde Zambia de nuevo.

Es la primera vez que repito un país como voluntaria, así que las emociones han sido nuevas en muchos sentidos. Ha sido genial volver a abrazar a todas esas personas con las que compartí esos 9 meses que tanto me han marcado. La sensación de sentirme en casa desde el primer momento, la ansiedad por visitar el Skills, Twayuka, encontrarme con la gente y ver cómo está todo, charlar y volvernos a abrazar cómo si fuera difícil de creer que aquí estoy realmente.

En esta experiencia de 3 meses mi residencia es St. Pauls, en Kabwe, en la provincia Central de Zambia. Aquí los Maristas tienen un colegio de Secundaria internado y una escuela de primaria. Así que mis días trascurren en la Primaria, entre clases de dibujo, arte y ordenadores. Junto a los babrothers, trabajan las basisters, las Siervas de María Inmaculada, dirigiendo una escuela infantil y una clínica. Para conocer bien la zona, también he comenzado a trabajar con ellas, así que un día a la semana mis tareas se centran con los más pequeños de la comunidad y otro, en la clínica. Todavía tengo que asimilar varias diferencias de un lugar a otro para contaros, pero por ahora estoy feliz y muy contenta con mi granito de arena en este lugar en medio del bosque.

Hoy me gustaría hablaros del Proyecto de Twayuka. Quiero compartir con vosotros una vez más la alegría y las buenas cosas que este proyecto ha traído a esta pequeña comunidad rural de Chibote. Es genial volver, pero aún más, volver y ver el proyecto acabado. Una de las primeras emociones y mayores alegrías fue cuando iba andando con Mr. Kaluba (encargado del proyecto en el Skills Centre) y vi el letrero del colegio con su nombre bien grande desde el camino (os recuerdo que antes no había nombre escrito por ningún lado). ¡Qué bonito queda! No puedo expresar con palabras lo bonito que está todo el colegio. Ahora sí se va pareciendo a un colegio de verdad, con sus ventanas, su color azul recién pintado, su letrero, las puertas de seguridad en las clases … Todo esto por fuera… pero cuando entras la alegría aumenta: 70 nuevos pupitres llenan las aulas y 5 hermosas sillas y mesas para el profesorado. Y una de las mejoras cosas, en las clases los chavales no llevan abrigos, no tiritan, los papeles no se vuelan, da gusto dar una clase ahora…¡con ventanas!. Mrs. Mulenga, la directora, nos comentaba que todas estas pequeñas cosas mejorarán la motivación tanto de alumnado y profesorado y, por tanto, se mejorará la calidad educativa del centro, objetivo principal del proyecto.

¡GRACIAS una vez más a todas y todos los que lo hicisteis posible de parte de toda la comunidad educativa! Sigamos soñando a lo grande, juntos podemos cambiar el mundo (que no se os olvide).

 

Lucila Bergareche, voluntaria de larga duración de SED en Zambia

El tiempo en Zambia corre dulce como un río…

…y el agua pura se va impregnando de una tierra fértil que regala vida a aquel que la visita: mercados de colores, caminos de polvo rojo, gentes amables, respetuosas con lo diferente y con los diferentes. Llevamos ya una semana en St. Marcellin’s, ¡tan rica e intensa!

Cada día trae algo nuevo, un regalo en forma de Hermanos, que nos acogen en su comunidad; de familia, que nos abre las puertas de su casa; de Lucila, que nos ha dedicado esta primera semana para que todo fuese más fácil…

Ayer comenzamos nuestra colaboración en Twayuca, la escuela pública situada en Chibote, a 40 minutos de la comunidad marista de Chibuluma. Tras una reunión con Miss Mulenga, directora del centro, hemos acordado que cada semana acompañaremos un aula. Empezamos con Grade 3 (8-9 años): 68 pares de ojos curiosos, con ganas de descubrirnos (juegos de presentación, algunas divisiones y mucho agradecimiento por su acogida).

Esta mañana hemos estado con alumnos del Skill Centre que están estudiando aquí gracias a las becas de SED. Hemos jugado a baloncesto, netball y voleibol en un ambiente muy familiar y distendido. La próxima semana empezaremos un curso de informática con ellos.

En resumen, solo puedo dar gracias por todo y por todos, por haber tomado la decisión de conocer esta tierra tan llena de vida. Mientras, el tiempo sigue fluyendo y yo me dejo fluir. Tengo sed de más.

Borja Bobillo Añel, voluntario de SED en Zambia

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