CTM Mozambique

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El regreso
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15 días en Mozambique

El regreso

Es una pena que estas líneas ya no hayan sido escritas con vistas a la maravillosa laguna de Bilene. Esta vez el horizonte ilimitado ha sido sustituido por un cuadrado de 1x1m que da a la odiosa carretera de Benfica.

La verdad es que tengo historias que me permitirían escribir 1.000 crónicas de Mozambique, pero hoy necesito hablar de algo: el regreso.

Mi experiencia comenzó el 28 de junio y os aseguro que no acabó el 7 de agosto. Después de algunos días digiriendo la llegada y desenredando emociones, todavía siento una necesidad enorme de contar cosas de Mozambique, porque no pasa un día en Portugal que no me haga pensar cuánto quiero volver. Describir esta experiencia desde allí, a flor de piel, fue bueno, pero no basta. Nadie habla del después…, ¡es tan difícil! Todavía pasan en bucle por mi cabeza las imágenes, las rutinas, los paseos…; y me asusta pensar que esas vivencias se puedan desvanecer con el tiempo.

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15 días en Mozambique

Después de dos semanas en Mozambique, tengo la certeza de que aún no controlo todo lo que pasa. Cada día trae una sorpresa, una novedad. Así ha sido en estos 15 días, repletos de cosas buenas.

Comenzamos dando clases en la Escuela Marista de Bilene: Portugués y Matemáticas, para no aventurarnos con otras materias; estas, por lo menos, sabemos que las dominamos. 70 alumnos por aula, tres alumnos en cada pupitre, un encerado de pizarra gastada, grandes deseos de aprender, un placer enorme en enseñar.

Las tardes traen siempre algo nuevo: un paseo, un baño en la laguna, una persona a la que aún no habíamos conocido, una visita a la casa de algún alumno de la escuela… “Monotonía” es una palabra que no existe por tierras mozambicanas.

Cuando llegamos a Bilene y vimos este lugar asentado a la orilla del Índico, las palabras desaparecieron y los ojos se abrieron de par en par. La arena blanca, el agua transparente y el marisco que, casi cada día, acaba en nuestro plato. Llegamos a pensar que esto no es un lugar real de la Tierra sino un salvapantallas de ordenador o una foto trucada del catálogo de una agencia de viajes. Verdaderamente, no encuentro ninguna razón para que nadie abandone un sitio así. Bueno, tal vez sí; esa palabra tan portuguesa que nos golpea el corazón: “saudade”.

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