Archivo15 agosto, 2018

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Experiencia en Koni
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¡Qué fortaleza de mujer!

Experiencia en Koni

Después de dos semanas en la comunidad marista y de haber vivido una maravillosa experiencia con los niños y monitores del colegio Marceline Champagnatde Korhogo, nos dirigíamos a Koni, un poblado situado a tan solo 15km de la ciudad marfileña. Celia, Gloria y yo nos reencontramos con nuestros compañeros Paco y Dori, quienes ya llevaban dos semanas trabajando como sanitarios en el dispensario del poblado. Nuestra misión, inicialmente era la de abastecer el dispensario de medicamentos y formar una colonia de niños. Poco a poco, surgieron otras cositas que pudimos llevar a cabo gracias también a la presencia y colaboración de nuestras compañeras María y Blanca, dos jóvenes estudiantes de medicina que ya llevaban un par de semanas colaborando en el dispensario.

La presencia de la Hermana Nicole, superiora de la comunidad, me cautivó desde un primer momento. Aprovechando el primer domingo de misa, realizó una intervención con un mensaje pastoral sobresaliente. Además, aprovechó ese mismo momento para presentarnos a la comunidad e informar de la colonia de niños. La hermana recalcó la importancia de la higiene para formar parte de la colonia, subrayando que los niños no pueden venir sucios: “Hay que ir limpios. Escucháis: limpios. Jamás sucios, limpios” Dos días después pude comprobar que en periodo vacacional muchos de los niños trabajan en los campos y vienen a visitarnos con la misma ropa, sin ni tan siquiera haberse pasado antes por casa. En cuestión de días, fueron multiplicándose exponencialmente el número de niños y niñas de nuestra colonia. Después de una semana de actividades, clausuramos con una merienda compuesta de arroz, palomitas, refrescos y sobretodo mucha ilusión.

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¡Qué fortaleza de mujer!

Y ASÍ ESTAMOS, TODO BIEN, MENOS LA ECONOMÍA.

Cuando he terminado de hablar con Sebastiana Verónica Ramos Tiriquiz he tenido que parar y salir a pasear un rato por el patio para recolocar las ideas, porque esta mujer me las ha dejado casi todas temblando.

Y digo “mujer”, porque Sebastiana tiene ya 18 años, es la mayor de sus ocho hermanos, su madre está muy enferma, por lo que ella tiene que asumir la responsabilidad de sus hermanitos y de su mamá cuando su papá está trabajando, y por si fuera poco, el hermano que le sigue con 16 años tiene parálisis cerebral y no habla ni se puede mover.

Y después de contarme todo esto sobre su familia, termina diciendo con toda naturalidad: “Y así estamos. Todo bien, menos la economía…”

Si a nosotros nos pasase solo algo de esto, ya estaríamos desesperados, quejándonos de Dios y pidiendo ayuda al ayuntamiento, a la autonomía, al gobierno y hasta a la UE si fuera necesario…

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