Archivo2018

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‘Espero en Dios que al otro año seré religiosa dominica’
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Horqueta
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Muévete
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San José Obrero, un colegio diferente
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Gracias y hasta pronto
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“África te cambia para siempre. Una vez que has estado, no volverás a ser la misma”
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¿Haciendo cosas pequeñas?
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Zambia en el corazón
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Experiencia en Koni
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¡Qué fortaleza de mujer!

‘Espero en Dios que al otro año seré religiosa dominica’

Gladis Tebelán Xirún es una joven maya de 18 años de edad que está a punto de graduarse como Perita en Electrónica en el Instituto Tecnológico del Kiché que dirigen los Hermanos Maristas en Chichicastenango.

En su familia son 7 hermanos y hermanas y sus padres, comerciantes de tejidos de artesanía que ellos mismos fabrican, no hubieran podido pagarle los estudios si no hubiera sido por la beca que la ONGD SED concedió a Gladis.

Pero lo que de verdad atrae a Gladis no es la electrónica, pese a que le guste mucho, lo que ella quiere para su futuro, su sueño, es ser religiosa Dominica de la Anunciata. Lleva varios años haciendo el acompañamiento por las hermanas y espera intensificarlo el año que viene para ingresar al otro año como religiosa dominica.

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Horqueta

Paraguay es país de colores vivos, de tierra rojiza y de sonidos que invitan a escuchar; a escucharse a uno mismo en un tiempo que parece transcurrir a otro ritmo, al son de la naturaleza y del sol. Horqueta, al norte de su región Oriental, cautiva con tan solo pasear por sus calles y conocer su gente. Son personas de ojos prudentes y corazones enormes que enamoran al mostrar poco a poco su gran interior. Y sus niños, la razón por la que Mireia y yo nos plantamos allí. Los menores tienen aquella esencia especial que nosotros perdimos por el camino en un descuido desafortunado. Cada uno de ellos nos reveló, sin darse cuenta, su propio mundo. Tan inmenso, tan lleno de deseos y de experiencias aún por vivir.

Un mes y medio es, quizás, escaso para conocer en profundidad la realidad de Horqueta, tan alejada de la nuestra. Pero es también suficiente para comprenderla y para aportar nuestro pequeño grano de arena. Y eso hicimos gracias a SED. Mi compañera y yo estuvimos en el centro abierto marista Mitãnguéra Rekove y en el comedor Ycuá Lucero echando una mano durante cinco semanas.

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Muévete

Algo me decía en mi interior: ¡Muévete!

Así que volví a llenar las maletas de ilusión, sabiendo que a la vuelta irían desbordadas de vida, ¡MUCHA VIDA!

Los minutos pasan igual en Costa de Marfil, observas el reloj y el ritmo es el mismo, eso parece a simple vista… pero si te detienes tan solo un poco y sientes el ritmo marfileño, la intensidad en cada momento se eleva al máximo exponente.

Ojos abiertos como platos para saborear cada instante y brazos bien estirados para abrazar a su gente… Esta vez era diferente, mi corazón ya sabía el destino que me recibía…

Siii, ¡los tambores hablan!! Hablan sus calles, hablan sus risas, hablan sus miradas, hablan sus sonrisas y sus intensos abrazos… La vida allí te susurra al oído, que no hay que detenerse. ¡Que hay que moverse!

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San José Obrero, un colegio diferente

Somos el grupo de voluntarios que ha estado de Campo de Misión en Sullana, Perú y aprovechamos para compartir con vosotros una entrevista que nos hizo uno de los hermanos de la comunidad en nuestro último día allí, junto con su aportación final.

*¿Qué necesidad sentíais como personas que, haciendo un alto en el camino en vuestra vida, os inclinó hacia Sullana?

“Necesidad de ser útil”; “fue llamada a salir de mi zona de confort, cuestionando mi realidad del momento”; “querer ir más allá y abrir los ojos por el necesitado, obviando la comodidad”; “necesidad de ayudar a los demás, pues eso me hace feliz y con ello doy felicidad”

*¿De qué forma encontráis respuesta a esa necesidad suscitada en esta tierra y ambiente?

“La hallo no solo al ver, sino al sentir que las personas cambian mi vida; veo crecer a mi lado gestos sencillos repletos de esperanzas; en la sencillez de los pobres veo el espíritu de Dios; descubriendo la riqueza en la dignificación del poco tener, en el saber ver, en el tener la mente abierta y aprender a vivir”.

*Ana Martínez, no te pregunto qué has enseñado, sino qué has aprendido.

De esta maravillosa aventura he aprendido a valorar la paciencia. ¿Por qué paciencia? Porque parece que en este mundo de agobios y prisas no hay lugar para las personas y para respetar el ritmo propio que tiene cada uno. Ya es hora de acompañar más que imponer ritmos frenéticos. Ama a quien enseñas y recuerda (y recuérdale) siempre, como dicen en mi San José Obrero que “Jesús, María y Champagnat te quieren mucho y nosotros, también”.

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Gracias y hasta pronto

Gracias y hasta pronto. Estas fueron mis palabras cuando tuve que despedirme de los niños del Hostel de Talit.

Aunque a lo largo del mes que estuvimos en la India fui escribiendo un diario de notas y alguna que otra reflexión personal, sólo ahora, varios días después de haber aterrizado en Valencia, creo poder encontrar las palabras para describir con cierta perspectiva la experiencia vivida. Una inolvidable experiencia con un antes, un durante y un después.

Mi “antes” es algo particular, ya que es un antes concentrado. Durante muchos años estuve deseando ser voluntaria internacional, marchar lejos a conocer la otra cara del mundo, a ver con mis propios ojos y tocar con mis propias manos la tierra que forma esa parte del camino; porque siempre supe que mi camino también pasa por esos lugares.

Y por fin las circunstancias fueron las que fueron y me embarqué en un nuevo proyecto para mí, algo que quizá formaba parte de mí antes de que empezara, algo que ya es parte de mí y algo que espero y deseo forme parte de mí el resto de mi vida.

Así fue como llegué, en un momento en el que me sentía plenamente feliz, a las puertas del“Chetana Tribal Boys Hostel” de Talit, India.

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“África te cambia para siempre. Una vez que has estado, no volverás a ser la misma”

Llevo dos semanas intentando escribir algo sobre mi experiencia en Ghana durante este verano. Más de seis meses preparando la marcha, el Campo de Trabajo, preparándome mental, física, (con un montón de vacunas) y espiritualmente (poniendo en manos de Dios toda la misión, en su nombre iba y Él me esperaba allí).

Llegó el día 29 de junio, el momento de partir a hacer realidad un sueño que me había perseguido durante años. Nueve éramos los voluntarios que SED había confiado la tarea de formar a los claustros de profesores de dos colegios maristas en Kumasi (Ghana). Íbamos cargados con 400 kg de material escolar, pero, os puedo asegurar que mayor era nuestra ilusión, expectación, incertidumbre y deseos de llegar.
Quiero resaltar la acogida de las dos comunidades maristas donde nos hospedamos: Sabin y Buckrom: Compartíamos con ellos la fuerza y la vida del carisma, aunque nos comunicábamos en otro idioma, pero la profundidad, la intensidad y la pasión por la educación de niños y jóvenes , no dependía de razas, color ni la geografía donde nos encontrábamos. Compartíamos además la mesa, la fe, la Eucaristía dominical, la tro-tro y hasta los partidos de fútbol de mundial con ellos. Nos hicieron sentir en todo momento en casa.

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¿Haciendo cosas pequeñas?

” Mucha gente pequeña,

en lugares pequeños,

haciendo cosas pequeñas.

puede cambiar EL MUNDO”

Finaliza nuestra estancia  CTM 2018 en Samac y nos vamos con sentimientos encontrados.

Con la tristeza de dejar atrás unos días de compartir alegrías, dificultades, conocer gente buena que te acoge con un cariño infinito, recibir sin ser consciente de dar nada a cambio, sufrir con los más necesitados, compartir…en definitiva, VIVIR.

Pero con la alegría de saber que no es un adiós definitivo, es un hasta pronto porque, sin duda, seguiremos en contacto todo el año y allí volveremos el verano que viene, a nuestra casa en “Guatelinda”.

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Zambia en el corazón

Se acerca el momento de finalizar nuestra estancia aquí y resulta duro despedirse de tantas experiencias que hemos vivido en estas semanas: el camino a Twayuka con los niños saliendo de sus casas a saludarnos, la alegría de los chicos de la escuela al vernos llegar y sus infinitas muestras de ternura, la familiaridad de los profesores y alumnos del Skills Centre y, cómo no, la cercanía, el cariño y la disponibilidad de nuestra comunidad con la que hemos compartido muchos y buenos momentos.

Con el paso de los días nos emociona ver cómo se han fortalecido nuestros vínculos con la gente de aquí, sentir que intentan darnos hasta aquello que no tienen y el agradecimiento sincero que nos transmiten.

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Experiencia en Koni

Después de dos semanas en la comunidad marista y de haber vivido una maravillosa experiencia con los niños y monitores del colegio Marceline Champagnatde Korhogo, nos dirigíamos a Koni, un poblado situado a tan solo 15km de la ciudad marfileña. Celia, Gloria y yo nos reencontramos con nuestros compañeros Paco y Dori, quienes ya llevaban dos semanas trabajando como sanitarios en el dispensario del poblado. Nuestra misión, inicialmente era la de abastecer el dispensario de medicamentos y formar una colonia de niños. Poco a poco, surgieron otras cositas que pudimos llevar a cabo gracias también a la presencia y colaboración de nuestras compañeras María y Blanca, dos jóvenes estudiantes de medicina que ya llevaban un par de semanas colaborando en el dispensario.

La presencia de la Hermana Nicole, superiora de la comunidad, me cautivó desde un primer momento. Aprovechando el primer domingo de misa, realizó una intervención con un mensaje pastoral sobresaliente. Además, aprovechó ese mismo momento para presentarnos a la comunidad e informar de la colonia de niños. La hermana recalcó la importancia de la higiene para formar parte de la colonia, subrayando que los niños no pueden venir sucios: “Hay que ir limpios. Escucháis: limpios. Jamás sucios, limpios” Dos días después pude comprobar que en periodo vacacional muchos de los niños trabajan en los campos y vienen a visitarnos con la misma ropa, sin ni tan siquiera haberse pasado antes por casa. En cuestión de días, fueron multiplicándose exponencialmente el número de niños y niñas de nuestra colonia. Después de una semana de actividades, clausuramos con una merienda compuesta de arroz, palomitas, refrescos y sobretodo mucha ilusión.

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¡Qué fortaleza de mujer!

Y ASÍ ESTAMOS, TODO BIEN, MENOS LA ECONOMÍA.

Cuando he terminado de hablar con Sebastiana Verónica Ramos Tiriquiz he tenido que parar y salir a pasear un rato por el patio para recolocar las ideas, porque esta mujer me las ha dejado casi todas temblando.

Y digo “mujer”, porque Sebastiana tiene ya 18 años, es la mayor de sus ocho hermanos, su madre está muy enferma, por lo que ella tiene que asumir la responsabilidad de sus hermanitos y de su mamá cuando su papá está trabajando, y por si fuera poco, el hermano que le sigue con 16 años tiene parálisis cerebral y no habla ni se puede mover.

Y después de contarme todo esto sobre su familia, termina diciendo con toda naturalidad: “Y así estamos. Todo bien, menos la economía…”

Si a nosotros nos pasase solo algo de esto, ya estaríamos desesperados, quejándonos de Dios y pidiendo ayuda al ayuntamiento, a la autonomía, al gobierno y hasta a la UE si fuera necesario…

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