Archivo19 julio, 2017

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¡Gracias por ayudar a los jóvenes a cumplir sus sueños!
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Nuestras primeras clases de inglés, informática, juegos y manualidades con l@s niñ@s de Giasnogor
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Visita al pueblo de Sonachora
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CTM Korhogó 2017
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Plantaciones de Té
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Aventuras en Santa Apolonia
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Día del Carmen en Futuro Vivo- Guatemala
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Érase una vez…

¡Gracias por ayudar a los jóvenes a cumplir sus sueños!

Hace dos días tuve el gusto de hablar con José Elisandro Mateo que es uno de los estudiantes del ITECK de Chichicastenango que está terminando sus estudios de Administración de empresas en este Centro que dirigen los Hermanos Maristas en esta ciudad de Guatemala.

Hablar con Elisandro es un disfrute, emana paz y tranquilidad. Le encanta la naturaleza y el trabajo en el campo, por lo que ha sentido el dilema de estudiar o trabajar en el campo como casi toda su familia. Pero al final se ha decido por seguir sus estudios los fines de semana compartiéndolo con el trabajo en el campo de lunes a viernes para poder pagar sus estudios.

“En mi cantón son gente sencilla, con muy pocos recursos, que viven de la agricultura y el mercado.”

“Me había acostrumbrado a vivir allí porque es bonito vivir en el campo, estar en la naturaleza. Yo también trabajo en el campo los fines de semana para ayudar en casa y, en adelante, pagarme los estudios.”

“Estoy en el dilema de estudiar o trabajar. Pienso hacer las dos cosas. Se que costará muchos esfuerzos, pero así es la vida.”

Y en cuanto a susu estudios dice: Lo importante cuando uno saca buenas notas es que es por su esfuerzo. Cuando uno más se esfuerza siempre tiene su recompensa.”

Te invito a escuchar esta entrevista:

ATM

 

Nuestras primeras clases de inglés, informática, juegos y manualidades con l@s niñ@s de Giasnogor

Estos días estamos comenzando a realizar nuestras primeras actividades con l@s niñ@s del Colegio.

En dichas actividades, lo que hacemos es tanto acompañar e impartir clases de inglés e informática con los Hermanos Martí y Eugenio, respectivamente, con las porfesoras, como Janet; así como preparar actividades lúdicas con l@s alumn@s, tales como juegos y manualidades.

Aquí os dejamos unas fotos para que podáis ver cómo disfrutan con las actividades y lo feliz que nos hace verles aprender y pasarlo bien.

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Visita al pueblo de Sonachora

Ayer por la tarde tuvimos la gran suerte de que el Hermano Martí nos llevó a Sonachora, un pueblo cercano al Colegio de los HH. Maristas en Giasnogor, para conocer a un par de familias cuyas hijas acuden a la escuela que los HH. Maristas regentan aquí.

Además de poder comprobar en primera persona la amabilidad y cariñosa acogida de parte de estas gentes, cuya pobreza es notoria y acuciante, pudimos tener la oportunidad de visitar la iglesia que recientemente han inaugurado los sacerdotes del Holy Cross.

Al finalizar la misa, a la que acudieron las familias con sus mejores galas, vivimos en 1ª persona el bautizo de un par de niños cuyas familias les iniciaron en este rito cristiano.

Nos quedamos maravillados de cómo acogen a los extranjeros, de cómo ofrecen lo mejor que tienen y quieren agradar a los invitados. Es extraño como uno se puede sentir como en casa en medio de la selva del noreste de Bangladesh.

Solo nos queda decir un GRACIAS enorme por su acogida y por hacernos dejarnos compartir durante una tarde su cultura y tradiciones propias.

Voluntari@s (Alberto, Esti, Javier y Sandra) CTM ONGD SED Ibérica

CTM Korhogó 2017

Tormenta tropical, carreteras sin asfaltar, mujeres trabajando, niños jugando y sonrisas, muchas sonrisas fue lo que nos encontramos al llegar a África. Tras dos días de viaje y con muchas ganas acumuladas, empezamos nuestra misión. Primero realizamos talleres de formación a los monitores, la mayoría jóvenes alumnos del Champagnat.

El lunes, comenzó la colonia; empezaron a llegar niños de entre 6 y 14 años y si nosotros teníamos ganas, ellos tenían aún más! Abrazos, cariño y muchas más sonrisas vinieron con ellos. Todas las mañanas empezábamos con bailes y una animación todos juntos: niños, monitores, voluntarios… y tras la oración empezaban las actividades. Talleres de danza, deporte, manualidades, cine y periódico a los que los niños, divididos por grupos, acudían de manera rotativa. Al finalizar la mañana, entonando sus cánticos y gritos de guerra, se dirigían por grupos a la cantina, donde no existía un “no me gusta” o un “no quiero más”; además el día de suerte tocaba el delicioso attieké, un plato típico del que se sienten —y con razón— muy orgullosos.

Las tardes las destinamos a los monitores, impartiendo para ellos cursos de informática y primeros auxilios, en los que nos demostraron una vez más todo el interés que tienen por mejorar. A su vez, trabajamos en el mantenimiento de las aulas del cole, limpiando, lijando y pintando mesas.
La colonia acabó con una gran gymkhana, alguna que otra lagrimilla y mucho mucho cariño.
A su vez, dos de nuestros compañeros estuvieron en el centro sanitario de Koni donde convivieron con las Hermanitas de la Anunciación, quienes desarrollan en este lugar su labor de servicio . Fue una experiencia en la que, además de vivir desde dentro la sanidad africana, conocieron un poco mejor la cultura, las riquezas y algunas de las necesidades del poblado.

Por último, realizamos una “minicolonia” en el poblado de Klokakaha. Allí nos encontramos con una realidad más humilde aún, con niños cargados de alegria, cariño y ganas de jugar, aunque la timidez apareciera en los primeros momentos. Nuestra ilusión, así como la de los monitores locales hicieron posibles juegos, manualidades, talleres de formación en salud, bailes, canciones…, que hicieron disfrutar desde los más pequeños a los mayores de otra preciosa experiencia.

Ahora, con el cansancio de estas semanas en el cuerpo, pero repletos de vida compartida, exprimimos nuestros últimos momentos en Korhogó; ratos de despedidas, de recordar anécdotas y de disfrutar, juntos como familia, de cada instante que nos queda.

Voluntari@s SED en Korhogó, Costa de Marfil 

Plantaciones de Té

Desde que que llegamos a Giasnogor, estábamos impacientes por visitar las plantaciones de té y su fábrica para conocer el lugar de dónde los HH. Maristas que aquí construyeron la escuela y así poder conocer de primera mano la realidad del alumnado que estudia en la escuela.

Ha sido duro verlo con nuestros propios ojos, pero a la vez necesario para poder situarnos en su realidad, hacerla más nuestra y poder conocer en primera persona cómo y dónde viven estos/as niños/as a los/as que los HH. Maristas intentan dar un poco de esa dignidad que toda persona necesita para poder vivir.

Los padres del alumnado que estudia en la escuela son personas que viven en las plantaciones de té y cuyas mujeres dedican un mínimo de 8 h. a recolectar las hojas e té, pero no de cualquier manera: siempre cogen dos hojas y un brote, de otra manera no se lo dan como válido; y así hasta 23 kilos a diario para recibir un sueldo que a nosotros nos parecería irrisorio en nuestra sociedad, pero que aquí es la paga a su duro trabajo.

También hemos podido ver las “casas” en las que viven, toda una cura de humildad para nosotros. Eso sí, te reciben con mucho cariño y te acogen en su casa como al mejor de los invitados, qué agradecidos nos sentimos por ello.

Del mismo modo, hemos tenido la suerte de poder entrar en una escuela de Educación Primaria donde los/as niños/as se hacinan en bancos y pupitres en condiciones ambientales, espaciales e higiénicas lamentables.

Aquí van unas fotos de la fábrica de té, de las gentes que viven en sus alrededores y de la escuela que hay cerca de ella, que no es la que los HH. Maristas regentan, sino la que está dentro de las plantaciones de té.

Voluntari@s (Alberto, Esti, Javier y Sandra) CTM ONGD SED en Bangladesh

 

Aventuras en Santa Apolonia

Hola de nuevo desde Santa Apolonia!!! Os seguimos contando algunos de nuestras aventuras. El pasado jueves acompañamos junto a los voluntarios de Estados Unidos a los chicos al colegio. Al volver al hogar, los patojos que no habían acudido a clase por la mañana se dedicaron a recoger piedras que nos servirían para nuestro taller de pinta piedras y tres en raya. Hemos disfrutado de un bonito paseo con ellos mientras realizaban dicha tarea ya que al final de nuestro trayecto nos esperaba una preciosa cascada.

Las tareas al volver se han centrado en ejercer de traductores entre las hermanas, los trabajadores del hogar y los nuevos voluntarios. Mientras tanto Josu se encargaba de pintar las alcantarillas del hogar.

Después de comer tenemos la suerte de compartir tiempo también con los más peques del hogar. Cada momento con estos pequeños es muy especial, no dejando de sonreirte y abrazarte mientras juegan con nosotros antes de volver a la guardería del hogar.

Por la tarde hizo mal tiempo y las chicas de la mañana no tenían clase por lo que repasamos las tablas de multiplicar mediante canciones e hicimos refuerzo y tareas con otros alumnos. Los niños que estaban libres realizaron un taller pintando con las niñas americanas y disfrutando de juegos con tizas en el patio. Mientras tanto, las chicas mayores realizaron un taller de costura y nosotros ayudamos con la traducción.

El viernes fue un día de lo más lluvioso. Día de sofá, peli, manta y pintar. ¡Lo habéis adivinado! Comenzamos el día ejerciendo de traductores acompañando a los voluntarios estadounidenses a arreglar la casa de los cochinos.

Realizadas estas labores, hemos vuelto al hogar para ayudar a los chicos con sus tareas. Las chicas mayores del centro acudieron de nuevo al taller de costura. Muchos otros de los niños del hogar estaban inmersos en la elaboración de una carta cuyo destinatario era Miguel Ángel Asturias, escritor guatemalteco que recibió el premio Nobel de literatura. Hemos pasado buena parte de la semana realizando dicha actividad, ya que para algunos ha resultado demasiado tediosa al casi no saber leer ni escribir. Otros han recibido nuestra ayuda con sus tareas de matemáticas.

Nos llama la atención el excesivo número de tareas que los alumnos tienen que hacer en casa comparado con el escaso número de días que acuden a la escuela. Hoy por ejemplo, la mayoría de los niños se han quedado en el centro, ya que los maestros tenían reunión…parece ser que esta situación es bastante habitual aquí, en esta semana ya ha ocurrido en varias ocasiones.

Por la tarde decidimos quedarnos en el centro cantando con el karaoke que pedimos prestado a nuestro colegio San José (H.H. Maristas) de Logroño. Los chicos han disfrutado mucho entonando canciones actuales e infantiles. Como ya había llovido demasiado, hemos cambiado de registro. Esta vez, ha sido el turno de Miliki y sus canciones de las tablas de multiplicar que tanta falta les hacen para repasar estos contenidos tan básicos. Mientras, Josué ha continuado con las labores de mantenimiento del hogar.

Por último y para finalizar el lluvioso día, hemos visto la película de Monstruos S.A. Mientras los niños se relajaban con el filme, hemos aprovechado para pintar un muro del hogar con una bonita imagen de San Francisco de Asís.

 

Voluntarios del hogar Nuestra Señora de Guadalupe en Santa Apolonia

Josué, María, Jaime y Carolina

Día del Carmen en Futuro Vivo- Guatemala

Este fin de semana salimos rumbo a Guatemala para celebrar el día del Carmen, patrona de nuestras anfitrionas, las hermanas Carmelitas de la Educación.

Celebran una gran fiesta con los habitantes, padres y niños de la zona donde está el colegio. El colegio está situado en la zona de Las Lomas, Guatemala. Comenzaron su proyecto hace 19 años y ya tienen en funcionamiento todo Infantil y Primaria.

No solo trabajan con los niños, también lo hacen con las familias para, entre todos, como dicen ellos, DAR VIDA. Una vida nueva a estos niños que corren el peligro de caer en manos de las maras o de la droga.

La educación es la única posibilidad que tienen de poder acceder a una vida mejor. Todos, Hermanas, profesores, padres, madres y niños forman una gran familia que luchan para salir de donde están.

No está siendo fácil. La educación que reciben es totalmente gratuita desde uniforme, libros, material escolar… Absolutamente TODO. Viven de la providencia, donaciones y venta de Chocolate y leche de soja que ellos fabrican en una pequeña cooperativa que han creado.

Celebran una gran fiesta con procesión, alfombras de flores, Eucaristía y una pequeña refracción y baile. El ambiente que se respira es familiar. Se palpa el cariño de TODOS POR TODOS. Tiene que ser una satisfacción enorme ver el fruto de tanto trabajo y malos momentos.

Sigue siendo difícil, pero con la energía y alegría que desbordan Savina, Cathy, Alta Gracia, Uti y el padre Jaime… TODO ES POSIBLE.

Nos vamos cargadas de su ánimo y sus ganas de CAMBIAR EL MUNDO.

GRACIAS POR DEJARNOS VIVIR ESTA EXPERIENCIA CON VOSOTRAS

NO PODRÍAMOS ESTAR EN UN SITIO MEJOR.

Érase una vez…

Érase una vez, en un pueblecito de Guatemala llamado Chichicastenango, dos niñas llamadas Bea y Silvia llegaron con mucha ilusión a ayudar a las monjitas de La Anunciata. Por las mañanas iban a apoyar a las maestras del colegio; Bea en la clase de preprimaria, con alumnos de seis añitos, y Silvia en primero de primaria, con alumnos de siete. Desde las ocho de la mañana hasta la una de la tarde, pasaban el tiempo en las aulas, disfrutando de los niños, aprendiendo de las maestras y aportando nuevas ideas cuando podían, con humildad y mucha paciencia y calma (en Chichi todo va a otro ritmo). Por las tardes, acudían al internado de las monjitas a ayudar a las alumnas mayores del colegio con sus tareas diarias y a jugar con ellas.

Bea y Silvia llegaron a Guatemala pensando que iban a aportar, enseñar, demostrar… Venían de Madrid y sabían mucho más que las maestras de Chichi. ¿Cuál sería su sorpresa cuando se dieron cuenta de todo lo que podían aprender de ellas, de sus alumnos y de las monjitas? Alumnos con familias desestructuradas, padres separados, el padre o la madre en los Estados Unidos, niñas violadas, niños con problemas de aprendizaje fruto de una malnutrición… ¿y cómo se lo tomaban? Les sonreían las veinticuatro horas del día, eran cariñosos, atentos, se preocupaban por ellas y su bienestar y hasta las animaban cuando ellas estaban más cansadas o apagadas en algún momento.

Cuando llegaban a casa con los hermanos Maristas, tras un duro día de trabajo en el colegio y en el internado, el ambiente era inmejorable. El hermano Jesús cantando a todas horas, el hermano José Luis haciendo de guía turístico y entrenador físico, el hermano Miguel Ángel, callado y observador, controlando que no les faltase nada y el hermano Marco, cariñoso y cercano, preocupándose de que Bea, Silvia y sus compañeros estuviesen cómodos y felices. El cuento no sería lo mismo sin Martina, la cocinera. La reina de la casa, la sonrisa permanente. Cantante, bailarina, humorista, diseñadora de moda, cocinera y sobre todo, amiga. Todos los hermanos, junto con el hermano Antonio, Pedro y Martina, hacían sentir a Bea y a Silvia en familia, en casa.

Bea ya os contará en otro cuento algo más de lo que sintió ella en esas dos primeras semanas en Chichi pero, de primera mano os digo, que Silvia entendió, después de un año trabajando en un colegio marista, muchos cursos de formación y muchas charlas sobre sus valores y modo de ser, lo que de verdad todo aquello significaba. Sencillez, cercanía, humildad… y sobre todo, fraternidad. Tanto las monjitas de La Anunciata como los hermanos Maristas le enseñaron que se puede ser feliz con muy poco, que ayudar a los demás, más si son niños, puede llenar una vida entera y que, aunque la vida en Chichi parezca pobre, aburrida incluso, tiene mucho que enseñarle a su rutina en su conocido Madrid. Se apoyan entre ellos y ellas, se quieren, se respetan, trabajan juntos y siempre con un único objetivo: La felicidad de sus alumnos.

Silvia solo estaba empezando a ver lo que ese pequeño pueblo y su gente podían enseñarle, pero lo que estaba claro era que la balanza iba a acabar desequilibrada. Su inquietud ahora era ¿qué podía darles ella que ellos no tuviesen ya? Lo material era importante, pero no imprescindible. ¿Su tiempo? Ellos también le regalaban el suyo. Ella tenía claro que su sonrisa, su cariño y sus ganas de ayudar eran un tesoro muy preciado que podía regalarles, y eso pensaba hacer. Iba a esforzarse por devolver, al menos, la mitad de lo que seguro iba a recibir de ellos. Aún quedaban tres semanas y el cuento solo acababa de comenzar…

Silvia Bové, voluntaria en Guatemala

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